Revista Insurrección Insurrección 707 | Page 37

el Grupo Atlántico y con el José Pablo Díaz, entre 2000 y 2006, los paramilitares penetraron instituciones públicas y cooptaron agentes estatales con el “pacto de no agresión” hecho con las élites políticas tradicionales de Barranquilla [5]; David Char reconoce que su relación con el Bloque Norte sirvió para expandir y consolidar el paramilitarismo, aunque causó daños pro- fundos a la sociedad en todos los niveles [6]. Incluir dinero de los paramilitares en las campañas electorales se volvió costumbre, tal como lo hicieron los Alcaldes de Barranquilla Humberto Caiaffa (2001-2003), Guillermo Hoenigsberg (2004-2007); en Soledad la alcaldesa Astrid Barraza, a través de José Name, y los Gerlein. Los paramilitares financian campañas a cambio de captar recursos públicos con empresas de fachada como ocurrió con Inversiones Los Ángeles y la empresa Métodos y Sistemas; los senadores Mauricio Pimiento, Álvaro Araujo y Dieb Maloof lideraban el entramado de la parapolítica [7]. En ese pacto de poder paraestatal participaron agentes del aparato de justicia y del Cpmgreso de la República, el jefe paramilitar Don Antonio admitió los vínculos con Gabriel Turizo, director del Cuer- po Técnico de Investigaciones (CTI) de la Fiscalía del Atlántico y La Guajira -de la época-; además de los nexos con los congresistas Pedro Peñalosa, y Jorge Luis Caballero [8]. ¿Hasta cuándo aguantará Barranquilla? La desmovilización del Bloque Norte en 2006 no puso fin al parami- litarismo en Barranquilla, prosiguió una trama de reconfiguraciones en una línea de continuidad, así lo revela la Defensoría del Pueblo en dos informes; en el Primero (2009) indica la proliferación de bandas en zonas marginales [9], y el Segundo (2013) sobre el riesgo y viola- ción de los DDHH a más de 5.000 pobladores de Barranquilla, y los municipios de Soledad, Malambo y Puerto Colombia [10]. DEBATES del CONFLICTO 37