Revista Insurrección Insurrección 705 | Page 43

El dos de octubre, Hortensia empezó a trabajar en una casa de familia, sin descuidar las clases que le estaba dando a Nita, a quien aspiraba a matricular en Tercero al comenzar el año siguiente. Sus patrones vivían en una casa grande, eran una pareja de cincuento- nes con una nieta estudiante de Medicina, por suerte Hortensia tenía ante sí un estímulo para que Nita fuera una doctora. Ahora, madre e hija, vivirían en una diminuta habitación llamada el cuarto del servicio. Nueve años después, cuando el señor de la casa murió de un infarto, las tres mujeres mayores ya parecían ser de la misma familia unidas por el respeto y el aprecio mutuo. Hortensia se levantaba todos los días a las 4 de la mañana a preparar el desayuno, luego barría y trapeaba la casa, ha- cía el almuerzo y la cena, servía la mesa, lavaba los platos y la ropa, plan- chaba dos veces a la semana, hacía el mercado y atendía a Nita quien asistía a la escuela de lunes a viernes. Cuando Nita terminó el Bachillerato como alumna destacada apenas iba a cumplir los 15 años, lo que le permitió matricularse en la Universidad Industrial de Santander. Cursando su tercer año de Medicina, el barrio vivió el impacto de la muer- te de un vecino empresario urbanizador, quien antes de morir repartió a sus dos hijos una herencia, que entre otras cosas constaba de tres casas lujosas y varios vehículos de transporte. Al ver este suceso Nita le preguntó a su madre, entre en broma y en serio, ¿mamá y tu qué me vas a dar de herencia? Hortensia la miró a los ojos y le dijo amorosamente: hija el sueño tuyo, el de tu padre y el mío se nos está cumpliendo, nosotros nos sacrificamos y tu haces grandes esfuerzos para estudiar y tener una carrera profesional, esa es la herencia tuya y aunque no sea algo material, con ella puedes en- frentar mejor la vida, con menos riesgos y más oportunidades. Esta es la mejor herencia que los padres humildes pueden y deben dar a sus hijos, me sentiré la mujer más orgullosa cuando te vea graduada de doctora, prestando un buen servicio a los enfermos, sobre todo a aquellos que no tienen con qué comprar servicios de salud. Nita abrazó y besó a su madre, convencida que esta era la mejor herencia que recibía. MEMORIA COLECTIVA 43