Aquel 7 de enero el corazón de los revolucionarios de San Vicente
latió eufórico, la célula urbana clandestina del ELN debía distribuir
en el casco urbano El Manifiesto de Simacota; al amanecer del día 8,
hasta el Comando de la Policía ubicado cerca de la Plaza de Ferias
en las orillas de la Quebrada La Ramera llegó el Boletín, sin que na-
die supiera quién y cómo lo distribuyeron en toda la población. Pul-
garcito, un sastre chucureño conversador y jovial era el cuadro mas
destacado de la célula de los elenos, pero nadie tenía la mas mínima
sospecha de él.
Desde Bucaramanga le habían comunicado a Pulgarcito, que debía
recoger una encomienda en la empresa de transportes Copetran;
cuando la abrió ahí encontró instrucciones para distribuir el Perió-
dico oficial del ELN, el número 01 del Insurrección, que en su primera
página decía: “Ha comenzado la lucha: el ELN tomó Simacota”.
Era necesario distribuirlo de la misma forma exitosa lograda con el
Manifiesto de Simacota, pero distribuir ahora el Insurrección reque-
ría de otra estrategia, porque los soldados acantonados en la Base mi-
litar de El Plan, patrullaban el poblado las 24 horas amenazando con
sus fusiles Punto 30 atravesados en bandolera, mientras miraban
con desconfianza a los chucureños.
En Bucaramanga lo distribuyeron con bombas panfletarias, pero la
gente de Pulgarcito no tenía el explosivo casero necesario para fabri-
carlas.
Pulgarcito decidió colocar el Periódico en los escaños del Parque
principal el sábado 16 de enero antes que amaneciera, porque lo en-
contrarían fácil los campesinos que venían a armar los toldos para
sus ventas; a eso de las 4 de la mañana pasó por uno de los escaños
donde habían dejado el Periódico un personaje muy conocido en el
pueblo, a quien cariñosamente llamaban Garabato, era el vendedor de
la Lotería de Santander, de unos 35 años, alto, flaco, desgarbado y de
escasa dentadura.
Garabato no le vio problema tomar uno de los paquetes del Insurrec-
ción, para distribuirlo cuando iniciara la venta de la Lotería al rayar
el día. A todo el que le compró lotería ese día, le daba el Periódico y le
decía que era “La Ñapa”.
MEMORIA COLECTIVA
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