Revista Foro Ecuménico Social Número 10. 2013 | Page 25
Diálogo Intercultural
do ese rostro empapado por la lluvia y
las lágrimas escucha las palabras del troglodita: “Argos, perro de Ulises”. Entonces descubre que ese troglodita que lo ha
guiado es Homero.
Es decir que esa inmortalidad lo que
le ha dado no es felicidad, sino un estado casi animal, en el que ni las palabras
pueden ser recordadas.
Solo algo físico destaca en él, el recuerdo de aquello que él fue, de allí el
protagonista horrorizado decide buscar
aquel río que pueda darle muerte. Existe
un río cuyas aguas dan la inmortalidad,
en alguna región habrá otro río cuyas
aguas la borren. Y empiezan desesperados a buscar ese río, y finalmente, el protagonista del cuento encuentra ese río, y
la reacción que tiene es “al repechar la
margen un árbol espinoso me laceró el
dorso de la mano, el inusitado dolor me
pareció muy vivo, incrédulo, silencioso y
feliz, contemplé la preciosa formación
do una lenta gota de sangre. De nuevo
soy mortal, me repetía, de nuevo me parezco a todos los hombres. Esa noche
dormí hasta el amanecer”.
Entonces quizás si nosotros tuviéramos la inmortalidad, estaríamos desesperados buscando un fin. No sabemos.
¿Cuál era la visión de Borges sobre la felicidad? ¿Porqué no se consideraba un hombre feliz?
Creo que Borges como todo ser humano fue sufriendo a lo largo de toda su
vida distintos cambios, no sólo interiores, sino también en su manera de escribir, y en las ideas. Aparentemente, en su
poema “Remordimiento”, él se reprocha
no haber sido feliz. También tiene esa
frase tan linda, que parece negativa,pero
es muy linda: En un determinado momento dijo que los únicos paraísos felices, los únicos paraísos, son los paraísos
perdidos. Y eso es una idea muy linda,
porque a un paraíso perdido, perdido en
lo que respecta a lugar físico, que podría
ser un paraíso, que podría ser una persona que quisimos, o un lugar que frecuentamos, en realidad nos queda el recurso
de volver siempre, de volver con nuestra
memoria. A pesar de que ese paraíso sea
la persona que ha muerto, o el lugar que
ya no existe más. Creo que a veces también la gente, amigos míos, cuando yo
era adolescente, me decía: “¿Pero cómo
preferís estar con ese hombre, los laberintos, los espejos, y no salir con nosotros?”.
En realidad Borges era eso, pero era
otra cosa también. Muchas veces nos
quedamos con el cliché de que una persona no era feliz, porque nos quedamos
con el poema que escribió dos días después de morir su madre.
Borges tuvo momentos de felicidad,
momentos de desdicha y él mismo decía
que si uno iba sumando, como las cuentas de un collar, los momento de felicidad que la vida nos va dando, el collar al
final debe ser largo.
Borges tuvo momentos
de felicidad y de
desdicha, y decía que
si uno iba sumando,
como las cuentas
de un collar,
los momento de
felicidad que la vida
nos va dando, el collar
al final debe ser largo.
¿Qué era lo que Borges sentía por los argentinos, compasión u orgullo?
Había de todo, como en todos.
Como una madre con sus hijos que hay
días que los adora, y hay días que los mataría. Borges sufría mucho las alternativas del país como país. Pero
una cosa muy importante, para
aquellos que lo tildan de extranjerizante: Borges a lo largo de su obra va demos
trando su amor por
Buenos Aires. Yo
creo que es muy
sospechosa la persona que dice:
“Siento la Argentina”. Uno siente
normalmente el lugar donde nació, y
eso es la parte por el todo, es el país, es
en realidad el todo. Borges incluso explica en el prólogo que hace a la edición
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