constructora en la que trabajaba debido a que estaba embarazada,
entre gritos que se escuchaban llegar de la calle se sentía aturdida y
preocupada por su mamá, pensó en salir, pero debido al fuerte movi-
miento de la tierra no podía, ¨sacudía horrible, no sabía que hacer¨ me
cuenta ella conmocionada, estaba tan frustrada que decidió acompa-
ñar a cientos de lágrimas preguntándose qué pasó con la casa de su
mamá, que paso con la tiendita.
gente correr, ellas no sabían para dónde agarrar, así que inconsciente-
mente caminaban hacía la casa de Doña Gladis, cuando llegaron ahí
solo había escombros de la tiendita, entonces los dos quedamos en
un silencio incomodo, ella menciona que es un tema muy complejo de
contar ya que pasaron tantas cosas de un momento a otro y me dice
¨aunque dentro de mí sabia que hay que volver a empezar, mi mamá…
mmm, pero bueno después de eso Armenia se volvió más comercial,
hay personas que crecieron e implementaron su negocio hasta se
Se escucha que golpean fuertemente la puerta, como si la quisieran
abrieron nuevos centros comerciales¨, doña Gladis no pudo volver
tumbar, Luz Dari con temor la abre, encontró a una señora con sanda- a recuperar la tiendita y ya solo vendía cigarrillos en la nueva casa
lias y vestido totalmente empolva-
arrendada y preparaba la comida que le
dos, llorando, sin poder pronunciar
daba su hija para su sobrino y ella, pero
una palabra, doña Gladis abrazó
de alguna forma u otra como dice Luz
fuertemente a su hija, en una ciu-
Vivir un terremoto puede ser un a d e darí era un nuevo comienzo.
dad totalmente fuera de control las
las experiencias más terrible s q u e
dos cerraron la puerta rápidamente,
adentro ella intento calmar a doña
una persona pueda vivir, el su e l o h a
Gladis debido a que no paraba de
sido nuestra referencia, lo qu e su-
llorar, parecía que se iba a desma-
yar por el llanto, aunque era enten-
puestamente nunca va a falla b a j o
dible, la gente afuera no paraba de
gritar y todo se encontraba en mal
nuestros pies.
estado, ¨parecía que en cualquier
momento se iban a caer las paredes
Ya estaba muy de noche y ella me invito
sobre nosotras¨ me dice ella, por
a cenar, la verdad me daba mucha pena,
estar embarazada era muy difícil movilizarse para así poder refugiarse ella se había portado muy bien y no quería quitarle más tiempo, pero
en un lugar más seguro, Luz Dary no dejaba de preguntarse qué está
me interesaba saber más detalles de la historia, entonces acepté, pero
pasando afuera con las otras personas, por los gritos era inevitable
esa noche ella ya no quiso hablar más del tema.
imaginarse lo peor.
En el transcurso de angustia y miedo, el piso dejo de temblar y se dejó
de escuchar a las personas por unos segundos; antes de escucharse
los gritos de auxilio más claros y fuertes que nunca, aunque se notó un
cambio en Doña Gladis pues de tanto llorar, se miraba más segura, ya
no se miraba tan débil, por el contrario más fuerte que nunca agarró
de la mano a su hija para salir de la casa, afuera solo se miraba a la
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Entre otras conversas ya eran las 8 p.m. y llegó un hombre alto sim-
pático, no tenía mucho pelo, y era canoso abrasando un chico parecía
de mi edad, pero más alto, tenía cabello rubio y ojos azules, los dos
vestían con ropas deportivas, era su esposo y su hijo, lo había lleva-
do a su trabajo, él labora todos los lunes hasta tarde y después de
su trabajo habían ido a practicar un poco de futbol lo cual era una de
sus hobbies me dijo Luz Dary, entonces pensé que ya era muy tarde y
después de saludarlos con un sabor de sopa de lentejas en mi lengua
y un gracias, nos despedimos.
¨ D e sp u é s d e ve r t o d o d e r r u m b a d o
p o r l a c a t á st ro f e , s o lo q u e d a t e n e r
fé de que todo mejorará, de que se
p u e d e se g u i r v iv ie n d o , d e q u e h a y
u n n u e v o c o m i e n z o y e f e c t iv a m e n t e ,
d e sp u é s d e l t e r re m o t o v in o u n g r a n
c re c i m i e n t o p a r a A r m e n ia ¨ .
Doña Gladis compartiendo momentos con Luz dari afuera de
la tiendita mucho antes de que sucediera el terremoto que la
devastaría. Foto: Santiago Tonguino
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