Aun no paraba de moverse la tierra,
desde allí vimos como una ferretería se
caía: los ladrillos y las tejas se venían al
suelo. Yo no salía de mi confusión. Nos
quedamos en el lugar hasta que pasó
el temblor. De allí nos dirigimos hacia el
taller donde mi padre había dejado su
carro y nos llevamos una gran sorpre-
sa, al ver que estaba estacionado fuera
del taller con la mitad trasera del auto
aplastada por uno de los muros que se
había desplomado sobre el campero.
Vi a mi padre discutir con un hombre,
que supongo era el encargado del ta-
ller, quien le dijo el motivo por el cual
el carro se encontraba afuera del lu-
gar. “Patrón lo que pasa es que tenía
varios carros pa’ arreglar y como el
suyo ya estaba listo lo saqué pa’ afue-
rita mientras arreglaba el otro y pues
empezó a temblar y pasó lo que pasó”.
El hecho fue que mi padre le tocó co-
ger el carro con escombros, y arrancar
para la casa. Mis padres iban en la parte
delantera que no sufrió daño. Recuerdo
que me tocó irme trepado encima de
los escombros. Para mí fue divertido,
porque al ser tan niño no alcanzaba a
ver la magnitud del suceso y que había
sido una tragedia donde se perdieron
vidas y que obligó a ambas ciudades,
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Pereira y Armenia, a surgir de los es-
combros, provocados por el movimiento
telúrico de 6.1 en la escala de Richter.
Días después mi mamá recortó de un
periódico la página donde se contaba la
caída del edificio, en la cual se puede
apreciar una foto del carro de mi papá con
medio muro encima. Mi mamá guardó la
página en un cajón para nuca olvidar lo
sucedido. Tiempo después nos muda-
mos y el recorte se perdió, pero la fa-
milia Ospina nunca olvidará ese suceso.
Armenia, Quindío.
Familia Castaño Giraldo.
Era imposible andar o transitar la
ciudad, estaba totalmente colap-
sada, fue algo muy impresionante
algo que nunca antes había visto
y que no quero volver a ver ja-
más.
El día del terremoto recuerdo que inicia-
ba clases en la universidad. Al medio día
fui a un restaurante con unos amigos a
almorzar. Cuando estaba allí empezó a
sentirse como se movía el piso, fue un
movimiento fuerte y constante que no
paraba y que cada vez se percibía más
y más fuerte y ese movimiento estaba
acompañado de un zumbido aterrador.
Miré hacia el frente y vi aterrorizada
como se caían las paredes del sitio
donde nos encontrábamos. Por for-
tuna estábamos en un lugar al aire li-
bre, pero de todas formas fueron mo-
mentos angustiantes, ya que nunca
había vivido este tipo de situación.
Esto sucedió en Pereira. Caminamos
por la carrera octava y vimos el desastre
que había causado el terremoto: edifica-
ciones caídas, casas averiadas, calles
rotas, tuberías salidas del piso. Había
un caos terrible. La gente estaba muy
asustada. Era impresionante porque
nuca habíamos vivido una cosa de estas.
Solo pensaba en mi familia, que se
encontraba en Armenia. Escuchaba
la radio en Pereira para tener noticia
y el dato era que había ocho víctimas
en Pereira y 40 en Armenia. Yo hacia
las proporciones y pensaba que en Ar-
menia tenia qué haber pasado algo
mucho peor, pero Armenia se encon-
traba incomunicada y eso me gene-
ró más angustia. Yo no lograba comu-
nicarme con mi familia, solo hice contacto a las 6 de la tarde con una prima. Ella vivía en el sur y yo vivía en el
norte. Yo le pedía que por favor fuera hasta mi casa, a lo que ella dijo: que era imposible caminar por la ciudad.
Eso no lo pude entender hasta el día siguiente que visité la ciudad. Al día siguiente entendí lo que me decía mi prima, era imposible andar y
transitar la ciudad, estaba colapsada. Fue algo impresionante, algo que nunca antes había visto y que no quiero volver a ver jamás.
En mi casa acogieron a las personas que vivían al frente, debido a que sus casas fueron des-
trozadas por el terremoto. Se sentía un ambiente de tensión. Nadie hablaba. Todos se encontra-
ban en shock, perplejos ante la magnitud del desastre. Nadie durmió, ese día pasamos en vela.
Adriana Giraldo cuenta como las viviendas del frente de su casa en Armenia fueron destruidas por el terremoto..
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