También las empresas constructoras son asesoradas para la ejecución del plan de mantenimiento a las edificaciones que ya están construidas para evitar una calamidad peor de la que sucedió el 25 de enero de 1999 en el Eje Cafetero.
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Desde España, país donde reside, Juan Carlos Ortega se comunica conmigo a la misma hora del terremoto y por vía skype. Analiza de nuevo sus reacciones y se sorprende. Estaba en casa con su familia cuando empezó el sismo, y al ver salir a su padre Pedro Ortega, quiso seguir el instinto de acompañarlo y ayudar, desde la carrera 12 con calle 22, donde se encontraba anteriormente una droguería, que se desplomó por el movimiento telúrico.“ Dele instrucciones a la gente hacia dónde evacuar”, le dijo, como si fuera otro voluntario.
Al atender la emergengia vivió con mucho temor la segunda réplica que terminó por desplomar el resto de edificaciones que estaban en pie.
“ Es tarea de todos”, era la frase que recordaba de los voluntarios, de los damnificados, de los expertos y que sigue rondando su cabeza. Después de vivir el gran susto de su vida, aprendió, gracias a las lecciones que le entregó su padre, la importancia de prevenir, de conocer las salidas de emergencia, de identificar botiquines y puntos de encuentro; aspectos básicos que aún hoy nos pueden salvar la vida, aunque espera no repetir nunca más esta experiencia de sentir la vida en los escombros.
Foto: Pedro Ortega / Archivo Personal
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