La Mujer en el Terremoto
Esta es la historia de Margarita. Testiga viva
del terremoto de Armenia (Quindío).
rremoto en el Eje Cafetero yo acababa
Margarita Arteaga, periodista y comuni- de renunciar a El Espectador en Bogotá
cadora social de la Universidad Central. (Cundinamarca) donde trabajé por tres
años. Regrese a Pereira y me vinculé al
Con 26 años de experiencia y trabajo
equipo periodístico de El Tiempo en la
en medios como La Patria, El Espec-
región.”
tador y El Tiempo, y entidades como:
Programa de las Naciones Unidas para
Empezó cubriendo noticia locales y
el Desarrollo, la Alcaldía Mayor de Bo-
gotá, War Child (ong holandesa dedica- pocas semanas después fue trasladada
a Armenia. Cinco meses después del
da al trabajo con niños, niñas, jóvenes
y adolescentes desvinculados del con- terremoto que tuvo como epicentro una
flicto); Oficina de Comunicaciones - Di- zona de montaña, muy cerca de Pijao,
en el Quindío.
rección de Posicionamiento de la Uni-
versidad de Los Andes y Universidad
La cuidad y el departamento no se repo-
Católica de Pereira, donde actualmen-
nían, el desastre dejó pérdidas todavía
te soy docente y oriento las asignaturas incalculables en lo material, los doce mu-
Reportaje y Crónica.
nicipios donde los muertos fueron más
“Nunca imaginé que cubrir una tragedia
es mucho más que el dolor del desastre
solo unos días después de ocurrido, el
aprendizaje fue de años”, cuenta Mar-
garita mientras responde la entevista
en el parque Uribe Uribe en Armenia
(Quindío) a las 10 am.
Foto:
24 Juan Manuel Aristizábal R.
“En enero de 1999, cuando ocurre el te-
de 900 y la destrucción se llevó 80 % en
infraestructura física del departamento.
“Mi trabajo era mucho más que reportar
los pobres avances en recuperación físi-
ca, económica y social de todo el departa-
mento”.
Había que buscar historias de muerte y
dolor, de pérdida y desesperanza, pero
también las hubo de coraje, valentía y
resiliencia.
Margarita Arteaga. Foto: Juan Manuel Aristizábal.
“El foco del trabajo se puso en la gente
más que en las instituciones a las que vigi-
lamos con lente de lupa durante los cinco
años siguientes al desastre. Los centena-
res de damnificados, reubicados en alber-
gues temporales eran los protagonistas
diarios, primero en semanario Café 7
Días y después en la edición diaria de
El Tiempo Café, dimos cuenta de cómo
los cuyabros lloraron a sus muertos,
recogieron sus casas hechas escom-
bros y resurgieron para tener ciudades
mejores”.
“Lo que nos enseñó la tragedia, entre
otros aspectos, fue superar la inmedia-
tez de la noticia y contar poco a poco,
en crónicas y reportaje, que las narra-
ciones de largo aliento cuentan mejor la
historia”.
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