Revista DOSIS 6.1 DOSIS 6.1 NORMAL | Seite 17

reparar su dolor individual, tuvieron que luchar para que su barrio no fuera declarado Campo Santo. En La Brasilia murieron cerca de 400 personas.
Tuvieron que luchar con los encargados de la reconstrucción, pues los subsidios entregados fueron muy bajos y no alcanzaban para volver a parar las casas. Tuvieron que vivir más de tres años en cambuches, mientras día a día, con sus propias manos, como él lo hizo, pusieron cimientos, pegaron ladrillos y armaron su casa.
Pero el terremoto vino para decirles que el tiempo pasa y nunca vuelve atrás. Que hay que asumir la vida con actitud de evolución y cambio, porque sumirse en rutinas que nos alejan de los demás, sencillamente nos quita la esencia de la vida. A lo mejor esto fue lo que aprendió de su fuerza por la lucha comunitaria, ahora cuando han pasado los años y el barrio sigue en pie.
A don Hernán, a su familia, a sus vecinos, nada los detuvo.
A pesar de la nostalgia, se quitaron de encima cada dolor, se repusieron a sus penas, se aliaron como vecinos y amigos y se han ido olvidando positivamente de la imagen de la tragedia para pensar en un futuro que dejó atrás la noche de la muerte e hizo nacer el barrio Nueva Brasilia.
20 años después, a la misma hora del 19 de
enero de cada año, en señal de homenaje y para celebrar la vida, los residentes de 283 casas se reúnen sagradamente en el obelisco que hay en la entrada del barrio, y recuerdan, la frase de don Hernán Ramírez que los devuelve al pasado, a esa noche de muerte:“ el destino no hace visitas a domicilio”.
En La Brasilia, grandes y chicos entendieron a partir de un terremoto, que el amor es algo eterno, que todas las condiciones y aspectos externos pueden cambiar, incluso en la noche de la muerte, pero no la esencia... de lo que cada uno de ellos está hecho.
Hernán Ramírez en su casa actual.

Pero el terremoto vino para decirles que el tiempo pasa y nunca vuelve atrás.

Laura Castaño G.
9