Gracias al trabajo esclavo, el mundo
antiguo logró un considerable desarrollo
económico y cultural.
Se distinguió por una productividad
extremadamente baja; el esclavo no estaba
interesado en los resultados de su trabajo,
odiaba estar bajo el yugo del trabajo.
La trata de esclavos era una de las
ramas más rentables y florecientes de
la actividad económica.
El esclavo era una propiedad, pertenecía a
otra persona.
El dueño podía controlar la
reproducción física de sus esclavos.
La división de la sociedad en clases
despertó la necesidad del Estado.
La tierra y el trabajo eran las fuerzas
productivas fundamentales.