Revista de Arte Fragmento No. 4 No. 4 | Seite 16

Recostada al nacer de la montaña, con su sinuosa quebrada cantarina, que nos cuenta con dulce tintineo, las pasiones y alegrías allí vividas. Destruida por oscuras pretensiones, que con el paso del tiempo, el olvido, ha dejado fantasmagóricos boquetes. en paredes, en puertas y en ventanas. Sus techos deshechos por las lluvias, enmalezados campos antes orecidos, perdida e ignorada ahora yace muerta, una de mil y más veredas colombianas. Varios que allí nacieran se desplazaron, y los guapos que orgullosos defendieron, sus terruños, sus arados, sus sembrados, sus cosechas y sus tierras labrantías. Hoy, en el pleno e inmaculado plenilunio, y en las sombras del santo cementerio, se proyectan con los árboles y cruces, como semejanzas de eternos vigilantes. Veredas de mi tierra Por Luis Marino Llanos Muñoz 16