Revista de Arte Fragmento No. 4 No. 4 | Page 11

La muerte de un poeta Por Juan Salazar Gonzáles Los poetas mueren solos, sin amor o detalle que la soledad implora viejos amigos distraen el silencio que acongoja nuestro sufrir vertiente de aventuras incalculables, opacas el sentimiento de culpa aquella ira injusta atolondra una sonrisa inoportuna, y fue así que murió un poeta exhalando el nal de su vida, agobiado por el instinto de seguir la eternidad. Sin dios que ilumine su presente, ¡maldigo una suerte insignicante! una fe descompuesta en medio del tormento… dasd ¡salven los santos! La gloria expone nuestro cielo pues los poetas ¡hoy! Su rabia fortica la razón del alma. ¡Desierto sueños, inhóspitos fragmentos! Habitado en medio de una ausencia perenneversos inconclusos apegados hacia el innito lago de nuestra desidia, Mentes lúcidas agrupando cuerpos imperfectos y el poeta con sus versos, muere lento tan lento… Inculto bohemio, trágico despertar alma errante torturado en rascacielos impetuosos Existe un rmamento inagotable de recuerdos absurdos absuelto en medio de u festín poético, una eternidad ¡nuestra eternidad! Amansa el placer de sentir libertad, más la muerte atenta un fracaso permanente pues hoy el poeta denigra la santidad del hombre ¡pobre! Imperfecto, ante el desdén de la muerte de un poeta. Ausente, ausente…susurran mis demonios en el desierto del recuerdo atroz conjetura comparado ante el innegable desprecio del vivir amante empedernido de una lujuria desmesurada y cómplice insatisfecho de aquellos versos desechos de un poeta incompleto. 11