¡TODOS LOS DÍAS PUEDEN SER SÁBADOS!
La cotidianidad no apaga nada, quienes dejamos que se vuelva tediosa nuestra relación
somos nosotros mismos.
Con mi esposo, hemos aprendido varias cosas, entre ellas, que «todos nuestros días pueden
ser sábados» ¿Cómo logramos esto? ¿Cómo son los sábados? Para nosotros, los sábados
son los días de familia, los días de tranquilidad, de descanso, de alegría… si salimos, lo
hacemos porque vamos a disfrutar lo que hacemos y si nos quedamos en casa, lo hacemos
con la mejor actitud, es un día para disfrutar.
Trabajamos para construir una rutina en la que todos los días sean sábados, en la que
estemos felices, satisfechos, en la que de alguna manera podamos crear cosas nuevas,
aunque siempre hagamos lo mismo: levantarnos – comer- trabajar- arreglar casa- dormir.
Si vamos a trabajar, lo hacemos con alegría; si comemos un pan con café, lo comemos con
gozo; si llegamos cansados del trabajo, no nos echamos las cargas el uno sobre el otro, sino
que tratamos de llevar nuestro matrimonio en paz y apoyarnos para hacer el día más ameno.
Lo que hace que se apague «la llama» en una relación o en la vida misma no es la rutina, sino
que perdamos la capacidad de asombrarnos o estar agradecidos con cada pequeño detalle.
Samuel, mi esposo, siempre me ha dicho que la rutina no es mala, en realidad es sinónimo
de disciplina, lo malo es perder nuestra intencionalidad en medio de ella, por lo que siempre
vas a tener dos opciones; la rutina nos gobierna o gobernamos la rutina con una disciplina
que beneficie nuestra vida y la de nuestro matrimonio.
PARA ENCENDER LA LLAMA EN LA RELACIÓN, ES NECESARIO CAMBIAR NUESTRA MENTALIDAD.
Hace unos días, por ejemplo, Samuel arregló el patio de la casa, cortó el césped y
trabajó en el jardín. Al cenar, lo miré y le agradecí su esfuerzo, le dije cuánto amaba su
dedicación y excelencia, le serví un plato delicioso y le dije que era en su honor. Él me
miró, le dio algo de pena, pero sacó el pecho y sonrió.
Tal vez me digas: «Lala, pero si ambos viven en la misma casa, ese trabajo
es para él también» ¡Claro! ¿Tú crees que no lo sé? La cuestión es que
yo no puedo permitirme tomar como deber lo que cada día es un
regalo. No voy a permitir que la rutina me quite el valor de las
pequeñas cosas.
Ese es el secreto para encender la llama, enfócate en lo bueno
y agrándalo, ve, dile a tu esposo lo agradecida que estás
por su trabajo, lo bien que le queda esa camisa que tanto
te gusta, sonríele, atiéndelo…te aseguro que te llenará
de mucha alegría hacerlo, porque lo que sembramos en
nuestra relación, siempre lo vamos a cosechar.
Te invito a leer «Diario para esposas jóvenes»,
encontrarás consejos para tener un mejor matrimonio.
Lala Herrera
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/@ LalaHerreraTm