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#Lluvia nostálgica
Princesa, había dejado de ser
aquella “loca bajita” que un
día fue, aunque siempre
permanecía una parte intacta
de sus recuerdos en el baúl
de su corazón, a la que le
encantaba pasar las lluviosas
tardes de invierno en el hogar
de sus abuelos maternos,
contemplando cómo, en un
primer momento, las
pequeñas gotas temerosas y
dubitativas rozaban con un
baile leve el amplio ventanal
del cuartito de estar, y cómo
después, aparecían unos
goterones impetuosos y
llenos de vigor que chocaban
estrepitosamente contra los
vidrios.
La joven, podía estar horas y
horas haciendo lo mismo,
apenas sin pestañear,
llegando incluso a perder la
noción del tiempo,
sumergiéndose en una
atmósfera de ensoñación,
que le daba acceso directo al
“País de las Maravillas de
Segunda Mano”, un mundo
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por Esther Tejero Hernández
gobernado por el rey Amor y
la reina Bondad y en el que
no tenían cabida el dolor, la
enfermedad y los malos
sentimientos, curioso
¿verdad?
Aquella princesita,
únicamente, era traída de
vuelta a la realidad cuando su
abuela le decía que la
merienda estaba lista, que
empezaba su programa
favorito de televisión o su
abuelo le dibujaba uno de sus
característicos jilgueros.
A día de hoy, el mundo de
Princesa es bien distinto, ya
que sus queridos abuelos
iniciaron un viaje sin retorno
y, nuestra protagonista, por
ende, nunca pudo regresar a
aquel hogar que tanto bueno
le dio. No obstante, no
vayamos a ponernos tristes
en este punto del relato,
porque ya dijimos, al
comienzo, que ciertos
recuerdos siempre
permanecen intactos y, así,
cada día que el cielo se viste
con su traje más oscuro y
castiga al sol impidiéndole
que llene de luz cada paraje,
la joven se para a saborear
los momentos de “lluvia
nostálgica” de su infancia,
siguiendo el mismo ritual de
antaño: Primero, cuenta las
gotas dubitativo – temerosas
para luego seguir con los
goterones vigoroso –
impetuosos al son de esta
canción:
“Una gota va sobre el cristal,
ahora vienen dos,
tres se acercan levemente,
cuatro hacen su aparición.
cinco chocan por un instante
seis quieren llegar al cristal
siete vienen de repente
ocho más se acercarán
nueve no son suficientes
diez ya parecen algo más ”
En memoria de mis abuelos y
de todos los abuelos del
mundo por haber sembrado
tanto bueno en nuestras
almas.