Revista Complutum | ferias 2014 |
Dirigida por Quino Falero, la
obra nos relata el estado de
un matrimonio roto por el
divorcio en el cual las dos
partes, Sandra e Ignacio,
tienen que ponerse de
acuerdo por su hijo.
El pequeño, de nueve años
de edad, se muestra
problemático en situaciones
cotidianas como la escuela o
con la actual pareja de
Ignacio. Sandra, muy
concienciada con la
educación del niño, le
recrimina continuamente al
padre la falta de implicación.
Por tanto, se muestran
continuas discusiones en las
que nunca se llega a un
acuerdo y que únicamente
sirven para recriminarse
todos aquellos problemas
matrimoniales del pasado.
Además, una parte
De mutuo desacuerdo
importante de la
representación es como las
parejas de los divorciados
intervienen en la educación
del hijo. Sandra, en este
caso, cree que Alicia, la
pareja de Ignacio, intenta
boicotearla profesionalmente.
La obra, a pesar de que solo
consta de dos personajes,
juega con la imaginación del
espectador incluyendo a los
ya citados, el hijo y Alicia.
Además tan solo se utiliza un
mismo espacio que hace las
funciones de la casa de
Sandra y la actual casa de
Ignacio. Todo esto sin
necesidad de cambiar el
atrezo, sirviéndose solamente
de una serie de paneles
modulares.
La base de la comedia se
encuentra en que los
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espectadores puedan
encontrarse identificados con
las situaciones cotidianas que
quizá, vistas desde otra
perspectiva, resultan
graciosas. Además, los
personajes interactúan en un
momento de la
representación con el público,
simulando que son
comensales de un
restaurante.
No obstante, para poder
entender y captar todos los
matices de la obra, y por
supuesto, conocer el
desenlace de la misma, lo
que queda es acudir a
disfrutar de ella. Las risas y,
sobre todo, la ironía están
garantizadas.