Revista Casa Silva Nos. 30 - 31 R.CasaSilva 30-31 completa | Página 218

Joh n Ga l án Ca sa n ova No sé nombrar. Pero celebro, de las mordazas, el estallido (…) Nos han nacido púas, voces, pesadillas y las manos. Si este teatro no es mío. Si este teatro soy Las manos olvidaron el tejido. (Pág. 61) El tono que en Monique Facuseh tiende a ser lacónico, y en Liliana Mo- reno, febril, en El museo de los relojes, primer libro de la cartagenera Angé- lica Santamaría, discurre elocuente, florido, a través de sus cuatro secciones: “Reloj de arena”, “Reloj de viento”, “Reloj sin tiempo” y “Reloj de aliento”. Fuiste la rosa. Sucediste en primaveras ignoradas en éste, tu suelo de trinitarias y noches balanceadas en el canto de los grillos. Sucediste, como las horas de junios antiguos cuando el tiempo hablaba de lunas festivas y eras la rosa de todas las esencias a pesar de no haber sido yo la calma cuando abracé tu cuerpo aún tibio ya sin vida en mi regazo. (…) (Pág. 17) Palabras que marcan, En lengua de Bruja y Museo de los Relojes Así despega el libro, con los versos de “Reloj de arena”, el primer poema. Es curio- so que Joaquín Mattos, el prologuista, haya encabezado su lista de preferencias preci- samente con dos textos que contrastan por su parquedad y contención en medio de tal locuacidad. Se trata de “Colosó”, el segundo poema, y, más adelante, de “Diciembre”, con el rugido de su viento evocador de tumbas. La memoria, el rescate de la memoria, nutre y alienta el vigor expresivo, la mirada omnívora de la autora: (…) Todas esas cosas se conformaban con ser encontradas y nombradas de nuevo sólo así podrían invocar la historia volver a la fábula como seres vivos y dictar un testamento a favor de la memoria y las palabras. (…) (Pág. 26) No es gratuito que el libro esté dedicado precisamente a “la memoria de aquellos que partieron con prisa”, ni que varias de sus piezas más sentidas sean retratos fa- miliares de personajes como la bisabuela, la madre y los abuelos. “De regreso a casa observo el olvido” es el verso categórico que cierra el extenso texto “Lazos de sangre”. La nostalgia así vivida resulta un prisma que a través de las lágrimas mira los rostros multiplicados. El tiempo como telón de fondo y hori- zonte que abarca la existencia es otro de los asuntos predominantes en este Museo de los relojes. Las alusiones a la naturaleza POEMAS cambiante y los efectos del tiempo se suce- den con inagotable riqueza simbólica: MONIQUE FACUSEH (…) el tiempo es agua entre bruma y espuma escribe el camino hasta encontrar el canto de la sal entre la piedra. (Pág. 37). (…) Fue el tiempo la tinta en el hielo de una noche que fue abismo atravesando mi pecho. (…) Es el tiempo una y otra vez certeza de sueños en días de mares que no alcanzan la orilla. (…) es el tiempo la certeza final de retornos incesantes. (Págs. 47-48) Entre la vida y la muerte transcurre la sustancia elástica del tiempo, siendo nosotros apenas “azar y conjuro/ escritura y recinto que a veces se encuentran en un zaguán/ del paraíso”. Entre la vida y la muerte, referida esta última con delicadeza como “Una cara- cola desnuda en su interior/ con la certeza única de su deriva”. Entre la vida y la muerte, implorando “que la musa sea pequeña/ y para todas las manos”, escribiendo “para cumplir el sueño de sostenernos las sombras”. Bogotá, diciembre 1 de 2016 DE Del libro “LIANAS” XXVI Nunca estés tan seguro tan convencido. Acuérdate que todo nos es ajeno. Alguien fue el principio y el fin del mismo cuento de nunca acabar. Quién podría asombrarse? Más de uno en silencio nos agradece la estancia. Fíjate cómo es la vida, yo que siempre he estado en la mira y no ha sido a mí a la que apuntan. r e v i s t a r e v i s t a  