Revista Casa Silva Nos. 30 - 31 R.CasaSilva 30-31 completa | Page 216

Joh n Ga l án Ca sa n ova Los 26 textos de Palabras que marcan no tienen título, son piezas numeradas de un monólogo, un largo soliloquio, un arduo inventario que la autora se debe a sí misma: Debo cuidarme echarme un vistazo decirme unas cuantas cosas. (…) Necesito escribirme, recordarme la tinta que soy. ¡Ojalá que estalle! (Pág. 15) Porque el verso me estalla el poema sangra. Solo tengo lo que queda lo que muere. (Pág. 43) El balance existencial que adelanta esta voz –que por momentos se declara “enfer- ma,/ moribunda/ con el miedo de siempre/ conmigo/ el miedo mayor”– es áspero, amar- go. Algunas citas nos permiten delinear los rasgos de semejante desencanto: Bomba de tiempo el sinsabor de los días. Me he pasado la vida envejeciendo. (Pág. 49) No pretendas que no sabes de tus tantos años entre rejas el paisaje repetido de ti con la vista de siempre. (Pág. 19) La vida a cuenta gotas nos exprime. Cada uno con su hambre cada quien con sus mentiras. Palabras que marcan, En lengua de Bruja y Museo de los Relojes ¿Dónde el milagro de otros días? (Pág. 43) Viendo agostadas sus principales ilu- siones y expectativas con la vida, la autora comienza a hablar “seriamente con la muer- te”, y de ese diálogo extrae un puñado de certezas fatales y rotundas: A la hora de la verdad morir es descansar un poco del horror humano. (Pág. 51) La vida es un solo dolor. Entre el vivir y el morir no pesa la diferencia. (Pág. 53) La vida comienza al final. (Pág. 9) La garganta de la tierra espera. (Pág. 31) Marcada por sus palabras, en medio del naufragio, Monique Facuseh llega a la misma orilla de tanto poeta en estos tiem- pos desalmados. Como Darío Jaramillo en su poema de amor # 13, ella constata que la soledad es “la esencia, el dato básico, la única certeza”. Y el desapego, su proverbial camino: Tengo que aprender a convivir un poco sin mí. Construir la soledad. Poblar su fantasmal abismo. (Pág. 17). La bogotana Liliana Moreno Muñoz, dan- zante, guionista, subti- tula su libro En lengua de bruja como una partitura para cuerpo y voz. Dice partitura como hubiera podido decir libreto, coreo- grafía o guion. Son textos concebidos para la escena, que transcurren en contextos teatra- les fantasmagóricos y recrean un imaginario dramatúrgico: En el proscenio, agitadas campanas de luz son las lámparas, se mece el pesado telón y escucho en la distancia el vaivén de los ahorcados. (Pág. 18) José Asunción, nuestro querido anfitrión aquí presente, reclamó a través de su álter ego José Fernández un lector artista, que fuera capaz de ver, soñar y vibrar con la música de sus versos. En lengua de bruja reclama un lector así: un lector artista-actor- espectador-oficiante, dispuesto a entrar en la sugestión ritual, delirante y surreal que la obra le brinda: Con aullidos, la penumbra cubro, con embestidas de conjuro, llamo. Feroz y fugaz cada soplo en este mundo sumergido. (Pág. 23) La búsqueda poética de Liliana no es de reciente data. En 1997, en uno de los poe- mas incluidos por Federico Díaz-Granados en la antología Oscuro es el canto de la lluvia, declaraba: “sigo cavando en mis escombros/ buscando una presencia/ que resuelva mis acertijos”. Dieciocho años des- pués, “Delirio”, uno de los primeros textos de En lengua de bruja, reafirma su fe en la poesía como instrumento para desentrañar un sentido oculto y mágico del mundo: En el espejo del universo una lengua infinita busca el sabor del grito original. (Pág. 27) Un lenguaje de esta índole, cifrado, aleatorio, hermético, se presta para ser enunciado, proclamado, pero consiente mal el análisis racional. “No intentes descifrar/ este angustioso canto de lechuza”, se ad- vierte en otro aparte. Los primeros versos de la “Danza espiral” que abre En lengua de bruja plantean justamente eso: una “Fuga del sentido/ al cantar los pájaros de sangre”. “Asómate sin miedo al abismo/ y serás cascada”, postula Liliana en “Voz”. Ella lo hace con su lengua profética, de bruja contemporánea y posmoderna, “de tambo- ra,/ de bullerengue y mudra”, de mitología muisca, griega e hindú. La ceremonia ritual, el espectáculo, una “función sin final/ sin intermedio” está por comenzar. La oficiante eterna se aproxima con su rostro sin rostro, envía señales de humo, en sus mejillas tran- sita “el llanto de una multitud”. Atención: acto seguido es Bagué, la gran madre crea- dora de los muiscas, y grita: r e v i s t a r e v i s t a  