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Rodol fo R amír e z S oto
idea al respecto de la importancia de los an-
tepasados, le dice que aunque ellos, nuestros
antepasados, no nos conocieron, perviven
en nosotros como fundación y como enlace
a nuestro destino. Esta idea la va a reiterar
en la última carta de tal correspondencia,
la número diez que está fechada del 25 de
diciembre de 1908, cuando le dice que tal
fundación y enlace se da en “…la sangre de
nuestros antepasados, que incesantemente
se mueve en nosotros y se
combina con lo que nos
es propio, para consti-
tuir aquello singular, no
repetido, que somos en
cada recodo de nuestra
vida.”
Carecer de antepasa-
dos equivale para Rilke
a carecer de destino,
a no tener futuro y a
malograr la oportuni-
dad de construir una
obra de arte necesaria.
Su afán por construirse
unos ancestros no se debe
entonces meramente al deseo exagerado de
la fantochería aristóctrata sino a una sentida
angustia de vida.
Philippe Jacottet, en su ensayo Rilke por
sí mismo, comparte el fragmento de otra
carta del poeta en la que vemos claramente
la importancia que Rilke le confiere a la
existencia de los ancestros:
Los estilos pictóricos en la poesía de Rilke
lectura del Libro de la razón 7 me ha hecho
ver una vez más hasta qué punto carezco de
ese vínculo con un dominio familiar donde se
sienta la acción y la tutela de los antepasados,
recibidos y de alguna manera reconocidos
por la naturaleza —crecer y durar—, y en el
seno del cual su tumba no significa otra cosa
que un ahondamiento de apropiación y de
filiación, un último sí a ese sereno y familiar
reino de la tierra…”
En el empeño por reconstruir unos lazos
que le permitan afincarse en la vida, Rilke
concebirá desde muy joven su idea del arte
como una forma de ser en el mundo. Perso-
nalísima idea que con el paso de los años, y
su desarrollo propio, decantará en método
artístico. Este modo de vida que plantea el
poeta prepara al ser humano para alcanzar
la comunión con el entorno que él habita y
establecer así contacto permanente con sus
tradiciones y su porvenir. El camino que se
ha de recorrer para alcanzar tal participación
es exigente, requiere disciplina, debe ser
transitado en soledad y el único motor eficaz
para mantenerse en movimiento en él será el
amor. No obstante, es apenas un camino que
puede ser, o no, elegido. Tal como leemos nue-
vamente en la carta número diez a Kappus:
“El arte mismo no es más que una manera de
vivir, y puede uno prepararse para él viviendo
de cualquier manera, sin caer en la cuenta.” 8
Un camino que se parece mucho a esa
senda menos transitada de la que nos habla
Robert Frost en su famoso poema El camino
“Estar ligado con tales tradiciones, provenir
de ellas, reconocerse en ellas en los recodos
casi anónimos de la vida: ¿hay algo más con-
fiable, más noble, más puro, más cordial? La
que no tomé. Al decidir transitar por ella,
por la senda menos transitada, es justamente
cuando se hace la diferencia. Como en el
poema de Frost podemos ver reflejado el
camino que Rilke considera que es el arte,
les comparto entonces el mencionado texto
del poeta estadounidense:
De Joseph de Pesquidoux, París, 1925
8
Rilke, R.M., (2000). Cartas a un joven poeta.
Ediciones Elaleph Carta X (p. 92).
Dos caminos se separaban en un
bosque amarillo
Y apenado por no poder marchar por
ambos
Y ser un solo viajero, largo tiempo me
detuve
Y seguí uno de ellos con la vista hasta
donde pude,
Hasta donde hacía una curva entre la
maleza;
Luego tomé el otro, igualmente hermoso,
El cual quizá tenía mayores derechos
Pues estaba cubierto de hierba y le
hacía falta más trajín;
Aunque en este punto el transito por allí
Los había desgastado más o menos lo
mismo, en verdad.
Y ambos esa mañana estaban
cubiertos por igual
De hojas que ninguna pisada había
ennegrecido aún.
Oh, ¡reservé el primero para otro día!
Pero, consciente de que un camino
lleva a otro,
Dudaba de que algún día pudiera
volver allí.
La teoría poética de Rilke es material
para otra charla. Sin embargo, debo referir-
les rápidamente en esta, de manera suscinta
y general, su esquema:
Tenemos entonces que el arte es un cami-
no en el que se da la vida y por ello lo impor-
tante es transitarlo, la producción de la obra
de arte es un valor agregado de este camino
y el creador no debe afanarse por acceder
a ella, pues ésta debe acontecer de manera
honesta y natural. Si la obra de arte se da,
en este caso: el poema, se caracterizará por
ser un ente orgánico que le proporcionará al
poeta/ser humano, un nuevo conocimiento
tanto del mundo como de sí mismo.
Ahora fíjense ustedes cómo surge el
poema y cúal es su ciclo:
Este organísmo será concebido a partir
de un encuentro, que Rilke percibe muy
similar a un encuentro erótico, entre el ser
humano y el mundo.
Las fases de tal concepción seran las
siguientes:
1. Después del encuentro con el mundo
el poeta queda fecundado.
2. Este germen inicia su proceso de
gestación en el interior del poeta.
3. Una vez completado el proceso de ma-
duración el poeta da a luz un poema.
9
7
Voy a estar diciendo esto con un suspiro
En algún lugar, dentro de siglos y siglos:
Dos caminos se separaban en un
bosque y yo…
Yo tomé el menos transitado,
Y eso ha hecho toda la diferencia. 9
Frost. R., (1979). Poemas Robert Frost. Buenos
Aires, Argentina. Ediciones Corregidor. Selección,
traducción y prólogo Enrique R Revol. (p. 48)
Traducción levemente modificada.
r e v i s t a r e v i s t a