Revista Casa Silva Nos. 30 - 31 R.CasaSilva 30-31 completa | Page 174

Rodol fo R amír e z S oto escribir no la he heredado de mi padre ni de mi madre, aunque ella tenga talento poético, sino de sufrimientos prematuros y de una amarga experiencia. A los diez años abandoné la casa natal arrasada por las disensiones. Du- rante más de cinco años, he padecido bajo el régimen odioso de la educación militar, para concluir, al cabo de tres años, y al precio de esfuerzos inauditos, los ocho años de colegio —con buenos resultados; aunque no para mi salud, que sale quebrantada. Rilke, René María Caesar, nacido en Pra- ga el 4 de diciembre de 1875, actualmente redactor del Jung-Deutschland und Jung- Oesterreich [Joven Alemania y Joven Austria]. Mi emblema: Patior ut Potiar 3 . Por ahora, mantengo una ardiente aspiración hacia la luz; por el porvenir, una esperanza y un temor. Esperanza: paz interior y felicidad de crear. Temor (herencia nerviosa excesiva): ¡locura! He escrito teatro (Gleich und frei, Im früh-frost, inédito), relatos, crónicas (nume- rosos trabajos esparcidos en más de veinte re- vistas y próximamente reunidos en volumen), poemas líricos, psicodramas, crítica, etc. En mis horas de descanso, manejo el pincel. Soy igualmente improvisador. Obras publicadas: Leben und Lieder [Vida y Canciones], estampas y hojas de dia- rio, 1894. Larenopfer [Ofrenda a los lares], 1896 (Praga, H. Dominicus). Wegwarten-Cy clus; cuaderno I: Lieder; cuaderno II: Jetzt und in der Stunde des Absterbens, drama (a publicarse)” 4 3 4 «Soporto para tener el poder» Expresión de origen desconocido, quizá de derivación plautina, citada por parte de aquel que soporta abusos y atropellos mientras espera el momento en el que podrá ven- garse. Jaccottet, P., (1974). Rilke por sí mismo. Caracas, Los estilos pictóricos en la poesía de Rilke La nota publicada en el diccionario y el paso brillante, aunque breve, de su padre por la carrera militar, contribuyeron a generar la creencia general, replicada en varios estudios introductorios del poeta, de que Rilke venía de una tradicional familia de “la más rancia nobleza carintiana”. Ru- mor como vemos propiciado por el propio poeta y que se reforzará en el imaginario de este cuando en 1899 se tope con un documento oficial en cuya primera página se hace referencia a la muerte del joven Corneta Cristóbal Rilke, en 1663, com- batiendo contra los turcos en Hungría. El poeta creyó al Corneta un antepasado suyo y producto de aquel fragmento encontrado escribió en apenas una noche, “arrebatado por la exhaltación vital de este antepasado adolescente que, con las mejillas aún cálidas de la infancia, atraviesa el amor para en- contrar la muerte” 5 , la que se va a convertir en la primera de sus obras ampliamente conocidas y difundidas: El canto de amor y de muerte del Alférez Cristóbal Rilke. Un particular poema en prosa, pero al tiempo salpicado de versos, que marca el final de su poética inicial de juventud y el comienzo de una producción lírica de mayor calidad. No obstante, su autor siempre considerará al textico aquel no más que como un ejercicio de improvisación. Irónicamente la que él considerá la menor de sus obras poéticas será la que tendrá el mayor éxito de todas ellas, incluidas incluso sus obras capitales. El canto llegó a alcanzar la impresionante cifra 5 Venezuela. Monte Ávila Editores. Versión castella- na Gabriel Rodríguez. (p.p. 11-12) Le escribe en una carta fechada del 18 de febrero de 1914 a André Gide. de doscientos mil ejemplares publicados en 1920 y para 1970 ya iba por más del millón. Fue traducido además al polaco, al húngaro, al inglés, al italiano, al español y al francés. Tristemente para Rilke, aunque en efecto el heroico Cristóbal Rilke sí perteneció a una familia de nobles de Carintia, su familia no tenía nada que ver con la del poeta quien, esto es lo que se ha podido constatar, descen- día de saludables y rozagantes campesinos alemanes. El partícular anhelo de inventar para sí un pasado de alcurnia, le granjeó al poeta la fama de insoportable es- nob. Hay quienes le achacan tal comportamiento exclusi- vamente a la desafortunada herencia en el hijo de un rasgo característico de la per- sonalidad de la señora Entz 6 , su madre: las desmedidas pretenciones aristocráticas. Cuentan que llegó a estar tan encegecida por ellas que no le importó hacer vivir a la familia durante largo tiempo, quizá más del que se podían permitir, bajo una fachada de riqueza, éxito y opulencia que no se correspondía para nada con las posibilidades reales de su ajustada economía. En la que quizá sea la más citadas de sus cartas, la del 3 de abril de 1903, Rilke le escribe a su amiga Ellen Key lo siguiente a tal respecto: 6 Phia Entz era hija de un rico comerciante y había nacido en una de las edificaciones más distingui- das de la elegante Calle de los Caballeros, Herren- gasse, de Praga. “Mi niñez trascurrió en un apartamento mez- quino y triste de Praga [...] Nuestro estado, que en realidad era pequeñoburgués, debía tener apariencia de plenitud, nuestros trajes tenían que engañar a la gente, y ciertas men- tiras se consideraban algo natural.” No obstante, endilgarle únicamente a la madre el esnobismo del hijo, no nos explica nada. Rilke, desde muy joven y a lo largo de toda su vida, tendrá repetidas muestras de desdén hacia el dinero, la alcurnia militar y los car- gos burocráticos, prefiriendo consagrarse por completo al oficio de la poesía antes que ponerle atención a aquellos. A este respecto Antonio Pau, uno de los más serios estu- diosos de Rilke, dirá que “es difícil imaginar otro caso en la historia de la literatura de alguien que sacrifique su vida por algo tan intangible como un puñado de poemas que estaba convencido que él tenía que hacer” ¿Cómo es posible entonces que se ocupe con tanto ahínco en la tarea de construir tamaña mentira? Vale la pena detenernos un momento aquí y preguntarnos: ¿Por qué era tan importante para Ri- lke el provenir de una antigua familia de abolengo? La respuesta la encontramos inicialmente en un breve fragmento de la sexta carta de las Cartas a un joven poeta. La fechada del 23 de diciembre de 1903. En tal fragmento Rilke le expone sucintamente a Kappus su r e v i s t a r e v i s t a  