Los emprendedores crean puestos de trabajo, conducen y le dan forma a la innovación, acelerando los cambios estructurales en la economía. Al introducir nueva competencia, contribuyen indirectamente a la productividad. El espíritu empresarial es pues, un catalizador del crecimiento económico y la competitividad nacional,( GEM Global Report 2012, 14)”. Según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico( OCDE), existe a nivel global, mucha actividad emprendedora, sin embargo, la mayoría de estas iniciativas son informales, no agregan valor y no tienen rasgos de originalidad o innovación, lo que explica la alta tasa de mortalidad temprana de estas iniciativas. Estos resultados indican que,“ para potenciar el desarrollo de un emprendimiento de calidad en la región, se debe mejorar la capacidad de los emprendedores para innovar con productos o servicios escalables y de mayor valor( OCDE, 91).” En los últimos años, han proliferado programas de desarrollo de emprendimiento en toda América Latina, que incluyen entrenamiento en temas relacionados con el área −primordialmente en universidades y plataformas de apoyo, como incubadoras, aceleradoras, redes de mentores e inversionistas ángeles. Los programas de formación de emprendedores están enfocados en la preparación de un plan de negocios una vez que el emprendedor identifica una idea. Las ideas más destacadas pasan a formar parte de incubadoras y redes de mentores.
53