“ Sin Título”
Rojo cálido te acaricia la cara, rugen tus ansias pero no avanzas. Estás parado y las cosas van pasando. Estás
parado y nadie te hace caso. Se hacen distantes los sonidos y te encierra el silencio, siguen cautivos tus ojos en el paisaje y tu cuerpo permanece pétreo. Marcha la siguiente tanda, desmoronándose a cada paso. Crujen y se encorvan, manteniendo el semblante adecuado, dejando la angustia embotellada. Se queja el manto amarillo resquebradizo. A nadie le importa, continúan las pisadas firmes. Ignorantes apoyados en las espaldas de gigantes muertos, regurgitando como un yonki reducido a un chute. Noches de insomnio y martirio con sabor a café, infligidas por un animalillo asustadizo que solo reacciona cuando el fuego le quema los juanetes. Tornan gélidas las mañanas. Oscuras. Impenetrables. Prolongan su mutismo y marchan, marchan y marchan. Ensamblados a golpe de tiza. Marchan.
Explota el verde y todo cobra velocidad, las respuestas son ariscas y el caminar deja paso al arrastre. Persisten las facciones duras, aunque con voz queda resuena la congoja. Estruendosa, en la mente al menos. Bufando, aunque los pies estén quietos. Rabiosos. Solamente quedan los últimos ajustes para estar programados, las últimas vueltas de tuerca.
Vuelves la mirada y te das cuenta que sigues parado, miras hacia adelante y ves cinta transportadora tras cinta transportadora. Los mismos rostros marchitos. La misma mierda.
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