Revista Aula Magna | Seite 18

ISMA - Instituto Superior Marista A-730 Aula Magna Nº 15 En la escuela se enseñan las Ciencias para educar… Para saber ser mejor persona: saber ser reflexivo, crítico, solidario y cooperativo, perseverante, humilde, personas que respeten la vida, el ambiente, el orden natural y las convenciones que permiten la comunicación. Es decir, para “formar al hombre desde su interioridad” como diría Zanotti… Para liberarlo de los condicionamientos que pudieran impedirle vivir plenamente como hombre. Por eso, el proceso de alfabetización científica en el plan de formación integral de los alumnos y como parte del proyecto educativo de cada institución, debe estar orientado hacia la promoción total de la persona en todas sus dimensiones perfectibles. Podemos decir que las actitudes generales relacionadas con el mundo y con las ciencias remiten a la formación de competencias en aspectos vinculados al desarrollo personal, al desarrollo socio-comunitario, al desarrollo del conocimiento científico y tecnológico y al desarrollo de la comunicación y la expresión. La expectativa de la Ciencia es saber. En rigor, diremos que se trata de un conocimiento con conciencia, un conocer dándose cuenta que uno conoce. Se trata de una alianza entre Ciencia y conciencia: “un aprender la Ciencia con Ciencia y con conciencia”, según señalara alguna vez el Prof. Alfredo van Gelderen. El enfoque antropológico y epistemológico expuesto hasta aquí implica una concepción humanista de la Ciencia. Tema que analizaremos a continuación. Comienzo con otra cita de Zanotti, tomada de su escrito “Precisiones pedagógicas”, al referirse al humanismo y el proceso de alfabetización científica en particular: “ha de tender a formar hombres completos, íntegros, capaces de alcanzar los niveles más altos del espíritu, de desarrollar sus aptitudes más nobles, aquellas que lo distinguen justamente como hombre. La formación humanista ha de lograrse no mediante adiciones de contenidos extraños, sino mediante los contenidos propios de la ciencia, desarrollados con el convencimiento de que el hombre es hombre en todos los campos del quehacer humano y que la excelsitud del espíritu humano se halla en la multiplicidad de los conocimientos y de las obras. Para crear esas maravillas de la ciencia y la tecnología, el hombre debe poner en juego sus recursos más nobles y humanos: su inteligencia, su razón, su capacidad mental. La ciencia y la tecnología no degradan al hombre, porque no puede hacerlo…Es el hombre quien puede degradar a la ciencia y a la técnica si la emplea para matar; o bien, ennoblecerla si la usa para salvar una vida” El problema de la ciencia y la tecnología no es su existencia o naturaleza, como creen algunos que piensan que la influencia de la ciencia y sus aplicaciones es negativa y termina por perjudicarnos. Se trata en realidad de una cuestión ética: de cómo y para qué vamos a usar las competencias científicas y tecnológicas. El Dr. Bernardo Houssay, nuestro Premio Nobel, nos plantea una definición de la investigación científica en relación con los valores y el problema moral, que merecería ser reflexionada con nuestros alumnos. Señala Houssay: “proscribir la ciencia por su mal empleo es como proscribir el fuego porque hay incendios. Lo que debemos decir, más bien, es que los adelantos de la ciencia han sido más rápidos que el progreso moral en las relaciones internacionales y en el orden social e interno de los pueblos. La investigación científica es una de las bases de la civilización actual. Ella ha mejorado el bienestar de los hombres, los ha liberado de la esclavitud, del trabajo pesado y ha hecho su vida más sana, más bella y más rica en espiritualidad. Es preciso que exista un adelanto moral suficiente para que los progresos científicos sean aplicados solamente para el bien. Menos espíritu de guerra y opresión por la brutalidad y más espíritu de idealismo y fraternidad humana. A ello se llegará por el respeto a la dignidad y la libertad del hombre y no reduciendo la humanidad a rebaños de 18 seres temerosos y esclavizados”. Los riesgos de despersonalización y masificación, hacen imprescindible que la es