INFANCIA
revista
ABRIL | MAYO 2018
35
Liberar a los chicos
de la mirada aprobadora
¿Qué pasa con el hijo/a que nos resulta fácil?
El que se comporta de acuerdo con lo que
esperamos, incluso supera nuestras
expectativas... Es fundamental observarlo,
porque podríamos tener que ocuparnos de
él.
A veces ese hijo tiene la suerte de tener un
estilo que está en sintonía con el nuestro y
esto conduce a un encuentro armonioso, sin
demasiados obstáculos. En ese caso no
tenemos nada que hacer, salvo estar atentos
a no enamorarnos por demás de ese hijo,
acordarnos de no comparar a los otros con él
-los lleva a mayores celos y rivalidades- y
estar atentos para mirar con amor a los
hermanos que no nos resultan tan sencillos
de acompañar, ya que pueden estar
sufriendo o sintiéndose menos queridos,
queribles o valiosos para nosotros que su
"adorable" hermano.
Pero nuestro hijo puede resultar fácil porque
su sensibilidad le hace saber, registrar,
percibir, lo que necesitamos y se acomoda
para ofrecerlo. Y en este caso no despliega su
personalidad, sino que nos cuida, ya sea
porque no se anima a poner a prueba
nuestro amor, porque no quiere hacernos
enojar ni sufrir o porque es una forma segura
de buscar nuestro reconocimiento y
valoración.
El problema es que por este camino los
chicos, al estar tan atentos a lo que quiere
mamá o a lo que espera papá, se pierden de
sí mismos, de su verdadero ser, de sus
intereses, deseos y anhelos, En un principio
parece que todo está bien, porque no nos
damos cuenta de lo que ocurre, que es lo
siguiente:
• Pierden energía vital porque la consumen
en negar o no conectarse con ellos mismos, y
les cuesta defenderse.
• No ponen a prueba el amor de sus padres,
por lo que no saben si los quieren realmente
a ellos o a ese hijo dócil que ellos muestran.
• Empiezan a compararse y se ponen
celosos, enojados, incluso resentidos
cuando descubren que sus padres quieren
también a sus hermanos problemáticos
(como le ocurrió al hermano del hijo pródigo
en la conocida parábola de ese nombre).
• En su afán de agradar y de ser reconocidos,
a menudo no adquieren criterio propio: para
que los progenitores no se enojen con ellos,
no adquieren flexibilidad ni aprenden a
pensar y pueden tener dificultades sociales:
para que el amigo esté contento pueden
tener conductas inadecuadas.
·
Con el correr del tiempo se les complica la
vida cuando tienen que empezar a elegir
entre complacer a la mamá o a la novia, o
entre agradar a papá o al entrenador, entre
un amigo y un docente, entre dos amigos,
incluso entre ambos progenitores, ya que no
siempre -en realidad pocas veces- esperan lo
mismo de sus hijos.
Si ese fuera el caso sería importante darles
lugar para que se conecten con todos los
aspectos de su ser, dándoles derecho a la
protesta, de modo que puedan ir
renunciando a la mirada aprobadora.
Aunque no dan ganas de hacerlo porque no
queremos saber ni aceptar que tiene fiaca de
poner la mesa... ¡el único hijo que siempre
nos ayuda!
La autora es psicóloga y psicoterapeuta
Por Maritchu Seitún
Gentileza de La Nación