CAPÍTULO CATORCE
Bien entrada la noche, cuando me preparaba para acostarme, recibí un mensaje
de Ema: « ¿Puedes salir?» .
« Sí, ¿qué pasa?» .
« El otro día vi algo en el bosque de la Murciélago. Deberíamos investigar» .
« ¿Ahora?» , pensé. Aunque, a decir verdad, nunca habría mejor momento,
pues necesitábamos el amparo de la oscuridad para acercarnos al patio sin que
nadie nos viera. Me puse un par de sudaderas, cogí una linterna y me encaminé a
la puerta. Nada más asir el picaporte, oí una voz a mis espaldas que decía:
—¿Adónde vas?
Era mi tío.
—A la calle.
—Es tarde —dijo tras consultar el reloj de forma exagerada.
—Lo sé.
—Y mañana tienes que ir al insti.
—Gracias por recordármelo —odiaba cuando mi tío jugaba a ser mi padre
—. No tardaré mucho.
—Deberías decirme adónde vas.
—Voy a ver a una amiga —dije con la esperanza de que así me dejase en
paz. Pero no hubo suerte.
—¿La tal Rachel que ha estado aquí antes?
—Cuando decidí quedarme, hicimos un trato —tenía que cortar esto de raíz
—, parte del cual estipulaba que no te meterías en mis asuntos.
—Pero nunca accedí a dejarte salir de casa a estas horas.
—En cierta medida, sí que lo hiciste. Voy a ver a una amiga, nada más —y
salí por la puerta antes de que pudiera rebatirme nada.
Sé que mi tío quería lo mejor para mí pero, joder, no era la persona más
indicada para ello. Me encontré con Ema a una manzana de la casa de la
Murciélago.
—¿Cómo te dejan salir a estas horas? —le pregunté.
—¿Qué?
—Tienes catorce años y estás en la calle a todas horas. ¿No se enfadan tus
padres contigo?
—¿Acaso estás escribiendo mi biografía? —y puso mala cara.
—Huy … qué graciosa.
—Perdona… quizá me he pasado.
—« Escribiendo mi biografía» .
—Te gusta, ¿eh? Antes era todavía más graciosa, pero desde que voy contigo
he ido a peor.
Nos quedamos observando la casa de la Murciélago. Era casi media noche.