porque los hubiera motivado, sino porque querían que se callase.
Nos dividió en grupos de seis. El mío estaba compuesto por tres estudiantes de
primer año y otros tres de segundo que se acababan de mudar al pueblo.
—¡Uno de vosotros se subirá al pedestal y le vendaremos los ojos! —la
señora Owens lo decía todo entre exclamaciones—. ¡Luego, cruzará los brazos y
haréis como que el pedestal está en llamas! ¡Oh, no! —y se puso las manos en
las mejillas como el niño de Solo en casa—. ¡Hace tanto calor que te vas a tener
que dejar caer!
Un chico levantó la mano.
—¿Por qué va a permanecer con los brazos cruzados si el pedestal está en
llamas? —murmullos de asentimiento.
La sonrisa pintada de la señora Owens no varió lo más mínimo, pero me
pareció que le temblaba levemente el ojo derecho.
—¡Tenéis los brazos atados!
—No, no los tenemos.
—¡Pues haced como si los tuvierais!
—Pero, entonces… ¿para qué necesitamos la venda? ¿No podemos hacer
como que no vemos?
—O cerrad los ojos.
La profesora luchaba por recuperar el control.
—En el pedestal hace tanto calor debido al fuego que os vais a tirar de
espaldas.
—¿De espaldas?
—¿No deberíamos saltar, señora Owens?
—Ya te digo. ¿Por qué nos íbamos a tirar de espaldas? A ver, si hace tanto
calor…
La profesora y a se había cansado.
—¡Porque lo digo y o! ¡Os vais a dejar caer de espaldas y punto! ¡El resto del
grupo os recogerá! ¡Después, por turnos, os iréis tirando del pedestal hasta que lo
hay áis hecho todos!
Y así lo hicimos, aunque algunos éramos reacios. El grupo se estremeció
cuando me tocó a mí —mido 1,95 y peso 90 kilos—. Además, en mi grupo había
una chica, una de primer año que iba toda de negro, que estaba gorda. Sé que
debería usar alguna otra palabra, algo políticamente correcto, pero no sé cuál
usar sin resultar condescendiente: ¿« Grande» ? ¿« Regordeta» ? ¿« Pesada» ?
Además, la diría sin convencimiento; como cuando dices « pequeño» ,
« huesudo» o « flaco» . La chica dudó antes de subir al pedestal. Se oy ó una risa
en el grupo. Y otra. No sé en qué iba a ay udarle este ejercicio, a menos que el
hecho de demostrarle que la crueldad infantil no termina en el instituto se
considerase beneficioso.
Como la chica no se tiró a las primeras de cambio, uno de los de primer curso