—¿Cómo has dicho que se llama la mariposa? —insistí tras tomar aire.
—Oy e, así es como la llama Agente. No dejaba de hablar de ella.
—Por favor —intenté no sonar agresivo—, repite el nombre de la mariposa.
—Mariposa marrón de prado tisífone abeona.
—Abeona —y tragué saliva.
—Sí —respondió con una sonrisa en la boca—. ¿Sabes la historia de Abeona?
No respondí.
—Agente y y o estamos muy puestos en dioses antiguos, ¿sabes?, a la gente le
mola tatuárselos. Abeona era una diosa romana. ¿Lo sabías?
Estaba allí, de pie, noqueado. Recordé la carta de renuncia de mi padre:
« aunque sé que nadie deja realmente el Refugio Abeona» .
—No es que sea una de mis preferidas —continuó Ian—, pero era una
especie de diosa protectora. Protegía a los niños cuando abandonaban su hogar
por primera vez, cuando se alejaban de sus padres y emprendían su primer viaje
solos. Algo así. Y lo raro de esta mariposa es el nombre, porque Tisífone era una
de las Furias… y a sabes, las de los dioses romanos. Se encargaba de castigar los
peores crímenes, los asesinatos y todo eso, especialmente cuando las víctimas
eran niños. ¿Conoces su historia?
Negué con la cabeza por miedo a hablar.
—Vale, la cuestión es que Alcmaeón se vio obligado a dejar a sus hijos,
Tisífone y Anfíloco, con Creon, el rey de Tebas. La cuestión es que Tisífone, y a
de pequeña, estaba de muy buen ver, no sé si sabes por dónde voy … y la esposa
de Creon decidió venderla a un esclavista. Pero lo que ella no sabía es que el
hombre al que se la había vendido trabajaba para Alcmaeón. ¿Lo ves? La cosa es
que todo era un plan del padre para salvar a sus hijos.
—¿Cómo sabes todo eso?
—Tío, Agente no para de hablar del tema. Por eso le encanta esa mariposa.
Creo que es de Australia o Nueva Zelanda… o de algún sitio así; pero lleva el
nombre de las dos diosas: Tisífone y Abeona. Por eso le gusta tanto incluirla en
sus trabajos. ¿Ves el ojo de las alas? Es como si estuviera cuidando de ti. Para él,
simboliza la salvación de los niños. Una manera de protegerlos y darles un
refugio.
« Refugio» . El Refugio Abeona… donde mi padre había trabajado tantos
años.
—Ian, ¿sabes cómo podemos encontrar a Agente?
—Me dijo que lo preguntaríais —y sonrió—, así que quiso dejármelo claro.
—¿Y?
—No, no se puede dar con él. Es imposible —dijo mientras me miraba y
gesticulaba—. Bueno, Mickey, entonces, ¿qué me dices? ¿Estás listo para que te
tatúe?
Mi móvil vibró. Rachel acababa de enviarme un mensaje: « Tengo una pista