Tal y como he explicado y a, había estudiado artes marciales. En la may oría
de estas disciplinas se te enseña a pegar puñetazos, a dar manotazos y patadas, a
hacer llaves y a cómo escapar de ellas. Pero en la may oría de los casos, pelear
es cosa de táctica. Hay que distraer, camuflarse, sorprender y aprovechar la
sorpresa. La chica que acababa de abrir la puerta había desviado la atención de
mí durante unos segundos. Así que era ahora cuando tenía que actuar.
Derrick el gorila aún me tenía fuertemente sujeto, pero casi éramos de la
misma altura. Bajé la cabeza hasta casi tocarme el pecho con la barbilla y la
eché hacia atrás con todas mis fuerzas. La parte de atrás de mi cráneo le golpeó
en la nariz como una bola a un bolo. Oí cómo se quebraba, como cuando pisas un
nido seco.
El gigantón pegó un grito y me soltó inmediatamente. No me molesté en
rematarlo; no era necesario. Lo importante era que no me quedara quieto. Que
no dudara. La bailarina seguía de pie junto a la puerta. Me moví tan rápido como
me era posible —antes de que uno reaccionara o el otro se repusiese—. Le quité
el móvil de las manos a Buddy Ray, que seguía sorprendido, salté por encima de
la mesa y me apresuré hacia la puerta. Sin dudar.
La bailarina estaba en medio. Si era necesario, la atropellaría. Perder un solo
segundo podía marcar la diferencia entre conseguir escapar de allí o que me
atraparan. No pretendía hacerle daño, pero no había espacio suficiente para
pasar. Por suerte para ambos, me vio venir y se apartó a la derecha.
Atravesé la puerta y me encontré en lo que parecía un camerino. Había
disfraces, boas y un montón de bailarinas arracimadas frente al espejo. Creía
que se pondrían a chillar o algo así cuando me vieran entrar, pero apenas me
prestaron atención.
—¡Detenedle! —era Buddy Ray.
Yo seguí adelante, corriendo por el camerino, salí como alma que lleva el
diablo por otra puerta y me encontré… en el escenario.
Los clientes se quedaron sorprendidos. Pero, bueno, y o también lo estaba.
Uno de ellos se puso las manos en torno a la boca y gritó: « ¡Buuu!» . Los demás
se unieron a él. A punto estaba de bajar del escenario cuando vi que los otros dos
gorilas venían a por mí. Me giré, pero allí estaban Buddy Ray y Derrick, que se
tapaba la nariz con la mano para intentar cortar la hemorragia.
Estaba atrapado. Distracción, camuflaje, sorpresa.
Me puse a correr por el escenario y a darles patadas a todas las cervezas a mi
paso. Mi plan consistía en crear una distracción… un caos. Las bailarinas que
había sobre el escenario empezaron a gritar. Los clientes se apartaban de las
botellas y se chocaban unos con otros. La situación no tardaría mucho en
explotar: una sala llena de hombres ebrios y frustrados que se estaban gastando
muchísimo dinero en algo que, en realidad, era un « plan B» de lo más patético.
La testosterona hizo su efecto y empezaron las peleas.