La contrarreforma educativa, la ley y el orden
El presentador vedette, el hombre-ancla, el editorialista patriotero de la prensa escrita, radial y televisiva repite a coro las palabritas de importación de moda, vía la OCDE: hay que “examinar” y “evaluar” a los maestros. Algunos, los más “ilustrados” ?hay muchos payasos y chimpancés en la prensa nativa diría Sartori? saben que los exámenes y la evaluación no son simples procedimientos técnicos y, sobre todo, que no son neutrales. Saben que se usan para impulsar un modelo determinado de educación. Pero demagógicamente engañan a sus auditorios; para eso les pagan los dueños de las empresas, sus anunciantes y patrocinadores. Ocultan que los maestros proponen una educación distinta, de abajo hacia arriba, horizontal, desde las propias escuelas y comunidades. Por un carril paralelo, la manufacturación de un “enemigo interno” (hoy los maestros y estudiantes disidentes) tiene que ver con la construcción social del miedo. El Estado decide quién es el enemigo, y al ser ubicado como tal un individuo o grupo de individuos son colocados “fuera de la ley”. Al negársele al enemigo la calidad de hombre o m ujer, de persona, se transforma en algo más bien parecido a un monstruo o una bestia. Un ser limítrofe. Una “vida desnuda” (Agamben) que se encuentra fuera de la ley y de la humanidad, y con la cual no hay acuerdo posible, al que se debe derrotar incluso mediante la coacción física y la tortura y/o eliminar. Una vida de la que se puede disponer libremente al punto de que se le puede dar muerte sin que sea necesario cumplir con los procedimientos legales instituidos y sin que ello constituya un homicidio. Ocurrió durante la pasada “guerra” de Felipe Calderón y está en fase de “calentamiento” en el arranque del peñismo, el “nuevo PRI” y los pactistas paleros. Si se ha demorado, tiene que ver con la lucha de los maestros aquí en Guerrero. Pero como saben, ya los empiezan a señalar como “narco-guerrilleros” y asoma el rostro represivo del nuevo-viejo régimen. Como dice el penalista Raúl E. Zaffaroni, “el enemigo es una construcción tendencialmente estructural del discurso legitimante del poder punitivo”. Sólo que la noción de enemigo no se limita a la imagen extrema encarnada por el disidente de turno, sino que abarca a amplios sectores de la población que no optan por jugar en los opuestos y se mantienen pasivos. Las contrarreformas “estructurales” del gran capital (las impuestas y las que vienen), tienen una fase represiva paralela dirigida contra todo tipo de resistencia a los valores promovidos oficialmente o a aquellos considerados “normales”, lo que de manera automática ubica en el campo de la disidencia al que protesta, pero que también abarca al que “no se mete”, al espectador neutral, conformista, alienado, y que tarde o temprano, a través de las formas encubiertas de la guerra psicológica en curso, también terminará siendo blanco de la acción punitiva del Estado. La lógica del poder es 60