importantes, especialmente la relación con los padres de la que habla Freud en el Psicoanálisis. El mantenimiento de estos vínculos es uno de los pilares que sustentan la conducta pro-social del individuo. Los afectos que componen estos vínculos son: el deseo, la atracción, el enamoramiento, la empatía, el apego y la amistad.
o Procesos conductuales de socialización dictaminan las conductas consideradas socialmente deseables, así como el comportamiento antisocial. No basta con conocer lo que es adecuado o no, sino que es necesario que el individuo adquiera un determinado control de la conducta y se sienta motivado a actuar de forma correcta; de este modo, una conducta antisocial seria vestirse con las prendas propias del género opuesto.
A pesar de estas distinciones en la socialización, las tres están íntimamente ligadas entre sí. No existen de forma separada, pero si se pueden explicar individualmente dependiendo de la actividad a la que no refiramos. Es por así decirlo, una distinción didáctica. A menudo se relaciona la dimensión social con una hipotética dimensión emocional o afectiva, sin embargo, a nivel teórico no se tiene claro si forman parte de la misma dimensión o no pueden separase una de la otra. A pesar de esta duda, ambas dimensiones guardan una estrecha relación en la práctica, normalmente se asocian y no resulta raro que ello ocurra. Sucede algo similar que con la anterior distinción entre los tres procesos de socialización.
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