RECUERDOS: Huellas Impresas en el Alma 002. Mayo. 2013 | Page 98

sentí mucha ira, nunca se lo he perdonado, han pasado casi veinte años desde que no sé nada de mi hijo, aquel día se marchó con sus maletas y todos los días de mi vida me justifico a mí mismo mi deseo de no volver a verlo nunca más, después de haber vendido esa joya que significaba tanto para mí, eso fue imperdonable, imperdonable. Pero, ha pasado mucho tiempo, me estoy haciendo viejo y mi corazón pronto se parará, no quiero abandonar este mundo sin poder al menos ver a mi hijo y saber que tanto daño que me hizo, por lo menos valió la pena para él, si es así, quizás podría perdonarlo, pero si no, tendré que irme a la tumba sin descanso. Padre, hoy estoy ante tu tumba como todos los años, por favor, vela por tu nieto y ayúdame a encontrarlo, ayúdame a saber algo de él. -Buenas tardes, ¿busca algo aquí? -¿Hijo?, ¿Joel? -¿Papá?, ¿eres tú? -Me abalance sobre sus brazos y no pude soportar la alegría de verlo aunque en parte seguía sintiendo rabia- Hijo mío, ¿Qué haces aquí? -A veces vengo a visitar el abuelo un rato, me hace sentir más cerca de ti, papá quiero que me perdones por no haber entendido el valor simbólico tan grande que tenía para ti la joya que nos regalaste cuando éramos niños -¿Cómo la recuperaste? -Mi hermano Sebastián la consiguió y años después lo pude convencer de que me la vendiera de nuevo, era yo quien debía decirte que la joya seguía en la familia y seguía conmigo 97