¿Qué me cuentas?/Qu'est-ce que tu me raContes? Mar. 2015 | Page 16

servía de nada tener envidia e ir en contra de alguien a la que ni siquiera conocía, y el caso es que nunca se habían sentado a hablar. Al reconocer este hecho, Ambrosio decidió ir a buscar a Adelaida; ya que pensó que sería buena idea pedirle perdón. Al entrar en la biblioteca donde Adelaida recitaba sus cuentos, Ambrosio la miró a los ojos por primera vez y vio en ellos una ternura y dulzura que nunca antes había visto. Adelaida estaba más joven, más hermosa, él se preguntaba cómo había podido pasar eso, si hacía nada era una bruja vieja y un tanto fea… Él se sorprendió bastante, y después de un buen rato observando a Adelaida decidió actuar e ir hacia ella, con una postura de un hombre educado y formal; es decir, con la cabeza bien alta, la espalda recta...Y justo cuando fue a hablar con Adelaida, ella dejó de leer, se levantó y le sonrió. A pesar de que ella había sido consciente de las muchas acciones malas que había tenido Ambrosio hacia ella, Adelaida pensó que enfadándose con él no arreglaría nada, así que lo perdonó. Ambrosio al estar más tranquilo, ya que ella lo había perdonado por sus sabotajes, decidió invitarle a algo y así hablar. Quedaron por la tarde a escondidas en una sala pequeña del palacio, donde no iba casi nadie. Cuando empezaron a hablar se dieron cuenta de que tenían más en común de lo que pensaban y ella le contó su secreto. Cuando vivía en Tibet, un brujo le echó una maldición que consistía en que si no contaba cuentos envejecería más deprisa de lo normal y se convertiría en una horrible bruja. Además la desterró a aquella montaña aislada sin la posibilidad de ver a nadie, tan sólo de vez en cuando bajaba al pueblo a contar algún cuento que le permitiera frenar un poco el paso acelerado del tiempo, pero mientras más cuentos contaba al rey, más rejuvenecía y se convertía en una hermosa mujer. En fin , que los dos pasaron una buena tarde. Con el paso del tiempo, Ambrosio se dio cuenta de que sentía por