Que Calor! Publicación 50 | Page 34

Querida Amparo

¿ Qué tal, querida Amparo? Tremendo gusto saludarte.
Esta es una de esas cartas que no me gustaría leer, mucho menos escribir; es más, quisiera que fuera una carta de una situación que nunca existiera. Soy un hombre ya adulto, y aunque no me considero un papá excelente, la verdad intento criar y educar a mi hermosa hijita con el mismo amor con que me criaron mis padres. En ocasiones me gustaría tener un pretexto para poder justificar las tantas preocupaciones y malos ratos que les he hecho pasar, pero sé que aun a mis casi 40 años se siguen mortificando por mi bienestar. Mi malestar es que tengo una pareja de vecinos que tienen un hijo pequeño, de unos 8 años de edad, y es muy amiguito de mi hija. Es un niño encantador, ya sabes, alegre, juguetón, risueño, espontáneo y, para colmo de males, se llama como yo. La cosa es que sus papás no le prestan nada de atención, esa atención que un niño de su edad requiere de sus padres. Los he visto cómo lo tratan y no le dan cariño, ni abrazos, ni besos, nunca lo llevan al parque a jugar, ni al cine, ni a fiestas; es más, nunca en todo el tiempo que tenemos de vecinos, los he visto jugar con el niño. A mí me puede mucho esa situación y cada vez que tengo oportunidad de llevar a mi niña a algún lugar a jugar, a divertirse, siempre lo invitamos y nos lo llevamos con nosotros. Quisiera que lo vieras; se le llena su carita de felicidad y sale corriendo y abraza a mi hija y le da las gracias por invitarlo y por ser su amiga. Me puede mucho lo que le pasa, pero también me da gusto que, aun por la situación que el niño está pasando, aun así, él es un niño“ feliz”, alegre y que disfruta de la vida. Me gusta que me platique de los planes que tiene cuando sea grande y de todo lo que quiere lograr. Le pido a Dios que todos sus planes, sueños y metas se le hagan realidad. Muchas gracias Amparo por escuchar mis palabras.

Querido Amigo

Gracias por escribirme, por tus saludos y por contarme tu situación. Es muy triste lo que me cuentas pero desafortunadamente, para muchos niños, así es la vida. Los padres, en vez de verlos como una gran bendición de la vida, más bien los ven como un problema, un cargo o un estorbo. Entiendo que la vida de hoy es diferente a la de antes, donde la madre estaba en casa, siempre atenta a lo que se le ofreciera a cualquiera de sus hijos. En mi caso, tampoco hubo mucho afecto, pero sí amor y cuidado. Haces bien con incluirlo en tus salidas. No hay nada más puro y tierno que la sonrisa de un niño. Si crees en Dios como yo, sábelo que el ve tus buenos actos y te va a recompensar con muchas bendiciones. Bueno, espero y te sirvan de algo mis palabras, te deseo toda la suerte del mundo, no te desanimes y ¡ échale ganas!

Amparo.

Te invito a que me escribas por correo regular o email con tu dilema o situación difícil por la cual estás pasando a:
Querida Amparo 3620 W. BETHANY HOME RD. PHOENIX, AZ 85019 amparo @ quecalormagazine. com
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