El impacto económico de este segmento es significativo. Estos viajeros suelen tener un mayor poder adquisitivo y una estancia media más prolongada, lo que se traduce en un mayor consumo de servicios de calidad, experiencias personalizadas y productos locales. Además, el turismo de bienestar genera empleo especializado, fomenta la formación profesional y dinamiza las economías locales, especialmente en comunidades que apuestan por un desarrollo turístico más sostenible y responsable.
Para los destinos, este segmento representa una oportunidad estratégica.
Adaptar la oferta turística a las necesidades de un público mayor de 50 años implica invertir en infraestructura accesible, servicios de salud y bienestar, experiencias culturales auténticas y propuestas alineadas con la sostenibilidad. A su vez, permite diversificar la oferta más allá del turismo tradicional, reduciendo la estacionalidad y fortaleciendo la identidad del destino.
En este contexto, la República Dominicana se posiciona como un país referente en el turismo de bienestar. Su riqueza natural, clima privilegiado, hospitalidad, infraestructura hotelera de alto nivel y creciente oferta de experiencias wellness la convierten en un destino ideal para este segmento.
Desde centros de bienestar integrados en resorts hasta retiros especializados en entornos naturales, el país ofrece un equilibrio perfecto entre descanso, cuidado personal y disfrute consciente.
Aquí creemos firmemente en el poder transformador de los viajes de bienestar y en su capacidad para mejorar vidas, generar impacto positivo y crear conexiones significativas.