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Elogio del tercer soporte
Ahora bien, lo repito, la historia de las ciencias conoce el descuelgue que se sigue de
este tipo de crecimiento. Cuando el antiguo modelo de Ptolomeo hubo de acumular
decenas de epiciclos que hacían ilegible y complicado el movimiento de las astros, hubo
que cambiar de figura; se desplazó hacia el Sol el centro del sistema y todo se volvió
límpido. Sin duda, el código escrito de Hammurabi puso fin a dificultades
sociojurídicas que tenían que ver con el derecho oral. Nuestras complejidades vienen de
una crisis del escrito. Las leyes se multiplican, inflan el Diario oficial. La página se
encuentra al final de la carrera. Es preciso cambiar. La informática permite este relevo.
Esperamos y nos empujamos en filas ante las ventanillas; en medio de tantos
embotellamientos interminables, es muy posible incluso matar a su padre en una
encrucijada, sin saber, por una querella de prioridad. Ahora bien, la velocidad
electrónica evita las lentitudes del transporte real y la transparencia de lo virtual anula
los choques en las intersecciones, por tanto las violencias que ellas implican.
¡Qué la complejidad no desaparezca! Ella crece y crecerá porque cada uno
aprovecha de la comodidad y de la libertad que ella procura; ella caracteriza la
democracia. Para reducir su costo, es suficiente con quererlo. Algunos ingenieros
pueden resolver este problema pasando al paradigma informático, cuya capacidad
conserva, e incluso deja, crecer el simplejo; pero el recorrido pronto suprime pues, lo
repito, filas o embotellamientos, y borra los choques. El perfeccionamiento de un
programa idóneo para un pasaporte virtual y válido para todos los datos personales y
publicables puede exigir algunos meses, pero no más. Se requerirá claramente un día
colocar en un nuevo y único soporte el conjunto de esos datos. Por el momento, se
reparte en diversas cartas de las que el individuo comparte la propiedad con muchas
instituciones, privadas o públicas. Pulgarcita –individuo, cliente, ciudadano– ¿dejará
indefinidamente al Estado, los bancos, los almacenes de cadena… apropiarse de sus
datos propios, en tanto que ellos se vuelven hoy una fuente de riqueza? Este es un
problema político, moral y jurídico cuyas soluciones transforman nuestro horizonte
histórico y cultural. De ello puede resultar una reagrupación de los repartos
sociopolíticos para el advenimiento de un quinto poder, el de los datos,
independientemente de los otros cuatro: legislativo, ejecutivos, judicial y mediático.
¿Qué nombre pondrá Pulgarcita en su pasaporte?
Elogio del nombre de guerra
El nombre de mi heroína no indica “alguien de su generación”, “cualquier adolescente
de hoy”, expresión de menosprecio. No. No se trata de extraer un elemento x de un
conjunto A, como se dice en teoría. Única, Pulgarcita existe como individuo, como una
persona, no como una abstracción. Esto requiere una explicación.
¿Quién recuerda la antigua partición, en Francia y en otras partes, entre las
cuatro facultades: letras, ciencias, derecho y medicina-farmacia? Las primera cantaban
el ego, el yo personal, lo humano de Montaigne, así como el nosotros de los
historiadores, lingüistas y sociólogos. Describiendo, explicando, calculando el esto, las
facultades de ciencias enunciaban leyes generales, por no decir universales, Newton
para la ecuación de los astros, Lavoisier en el bautismo de los cuerpos. Puestos la
medicina y el derecho de terceros, accedían juntos quizás sin comprenderlo, a una
manera de conocer que ignoran las ciencias y las letras. Uniendo lo general y lo
particular, nació en esas facultades jurídicas y médicas, un tercer sujeto… uno de los
ancestros de Pulgarcita.
Primero su cuerpo. Hasta muy recientemente, una plancha de anatomía
mostraba un esquema: de la cadera, de la aorta, de la uretra…, dibujo abstracto, cuasi