l pasado diciembre partimos hacia un
nuevo país, Andorra, para realizar el
tradicional viaje dedicado al esquí.
A media noche, cincuenta adolescentes nerviosos y entusiasmados emprendimos camino hacia nuestro destino: cinco días para practicar un nuevo deporte conviviendo con compañeros lejos de casa, ¡toda una experiencia!
Salimos de Pravia escuchando música, pero, poco a poco, todos nos fuimos durmiendo. Cada cierto tiempo parábamos para descansar y estirar las piernas. A veces nos agobiaba el tener que llevar puesta la mascarilla ya que dentro del autobús hacía bastante calor.
Al día siguiente comenzamos las actividades. Primero, visitamos el pueblo de Canillo donde nos llamó la atención un belén formado por figuras a tamaño real cubierto en parte por la nieve.
Posteriormente, una vez recogidos los esquís y el material, nos dirigimos al hotel para descansar. Ya recuperados, asistimos a una charla informativa sobre la seguridad en las pistas y nos entregaron el forfite. Terminada la jornada, nos esperaba un merecido descanso.
Llegó nuestro primer día de esquí. Nos dirigimos en autobús hasta la estación donde nos pusimos las botas, cogimos nuestro material y subimos a pie de pistas. Un pequeño incidente retrasó el inicio de las clases: un compañero había perdido su abono.
Resuelto el problema, nos repartimos en tres grupos según el nivel de cada uno.
Esquiamos toda la mañana y la tarde. Al terminar, bajamos a la capital de Andorra para pasear y aquellos a los que no les gustaba la comida del hotel aprovecharon para cenar; pero los profes se molestaron un poco al enterarse.
SARA GONZÁLEZ , RAQUEL PÉREZ Y SARA GARCÍA — 4º de ESO
ESQUÍ EN ANDORRA
E
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