Amanece lentamente…
Se siente una brisa suave,
el dulce cantar de un ave
se dibuja en la distancia
y nacen en el ambiente
las notas de un son cadente
y una agradable fragancia
que con el son se confunde,
que en uno solo se funde
y que nos conmueve el alma…
Se va fugando la calma…
Ya todo va despertando…
Los colores son más vivos,
se van levantando altivos
los cerros y las montañas
y gentes propias y extrañas
van inundando las calles,
se iluminaron los valles:
¡El nuevo día ha nacido!
Aquel cadencioso son
que reinaba en el ambiente
se va quedando silente
y en su lugar va llegando
una guarimba festiva
alegre, llena de vida
que feliz viene cantando
esta estampa pueblerina.
Luego, viene el desayuno
típico guatemalteco,
¡Sabroso como ninguno!
Con un aroma exquisito
a un alegre son chapín.
Y es que en esta tierra mía
de maravillas sin fin
se encuentra hasta en la comida
alguna canción dormida
y de notas un festín [...]
Por la manera en que me miran,
como si hubiera un niño dentro de esas pupilas,
me siento como en casa segura y protegida.
Me sale una sonrisa olvidando mis heridas.
Se me dilatan las pupilas
cada vez que tú me miras.
Siento que todo es una mentira,
pero sé que voy a quererte de por vida.
Aunque nada sea verdad,
siempre recordaré tu mirada de humildad.
Eres parte de mi día a día
y toda la vida te recordaré con alegría.
¡Ah, qué bonito es mi pueblo!
Raquel Pérez Menes — 4º de ESO
Veo esos hermosos ojos
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