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Amanece lentamente…

Se siente una brisa suave,

el dulce cantar de un ave

se dibuja en la distancia

y nacen en el ambiente

las notas de un son cadente

y una agradable fragancia

que con el son se confunde,

que en uno solo se funde

y que nos conmueve el alma…

Se va fugando la calma…

Ya todo va despertando…

Los colores son más vivos,

se van levantando altivos

los cerros y las montañas

y gentes propias y extrañas

van inundando las calles,

se iluminaron los valles:

¡El nuevo día ha nacido!

Aquel cadencioso son

que reinaba en el ambiente

se va quedando silente

y en su lugar va llegando

una guarimba festiva

alegre, llena de vida

que feliz viene cantando

esta estampa pueblerina.

Luego, viene el desayuno

típico guatemalteco,

¡Sabroso como ninguno!

Con un aroma exquisito

a un alegre son chapín.

Y es que en esta tierra mía

de maravillas sin fin

se encuentra hasta en la comida

alguna canción dormida

y de notas un festín [...]

Por la manera en que me miran,

como si hubiera un niño dentro de esas pupilas,

me siento como en casa segura y protegida.

Me sale una sonrisa olvidando mis heridas.

Se me dilatan las pupilas

cada vez que tú me miras.

Siento que todo es una mentira,

pero sé que voy a quererte de por vida.

Aunque nada sea verdad,

siempre recordaré tu mirada de humildad.

Eres parte de mi día a día

y toda la vida te recordaré con alegría.

JOSÉ CARLOS CHIQUÍN

¡Ah, qué bonito es mi pueblo!

Raquel Pérez Menes — 4º de ESO

Veo esos hermosos ojos

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