PROYECTO LUNÁTICOS (Nº6) | Página 23

Era de un color azul como el cielo, y en invierno azul oscuro como el mar. Ese campo estaba hecho para soñar... Yo siempre me iba todos los días y me tumbaba, y sentía el mecer de las campanillas. Era precioso, encantador y muy bello. Pero algo sucedió aquella tarde. Un estrepitoso ruido crujió desde lo alto del cielo. Pareciera que se hubiera abierto una grieta en la caverna celeste, cuando de pronto, ¡ todo se volvió gris! Aquel día todo era espeluznante y a la vez asombroso, nunca pensó lo que sus ojos estaban viendo... aquello no solía pasaba todos los días. El viento soplaba muy fuerte, y arañaba su rostro, haciendo volar sus cabellos castaños. Pasaron los días y las noches, el cielo no se veía, ni el sol brillaba en el firmamento, sólo llovia y llovia. Mientras, las campanillas se iban desvaneciendo en en el agua cada vez más. Agua fría y oscura como la suciedad.
Ana se puso muy nerviosa, intentó todo lo posible para que volvieran a nacer esas preciosas campanillas azules y ese agua cristalina que le gustaban tanto. Ella se echó a llorar muy desesperada por lo que estaba pasando. Entonces, se puso a caminar para encontrar una solución al problema, hasta que se encontró con un pequeño árbol al que le preguntó. Le dijo que no lo podía solucionar, salvo que se acercara hasta el lago donde vivía una ninfa encantada que tenía poderes sobrenaturales. Caminando, caminando llegó al lago para invocar a la ninfa y hacerle su consulta. Cuándo por fin Ana se lo contó la ninfa encantada, tuvo una idea...

El SoÑar de las AzuLes CamPanillaS

Relato compuesto por Paula Gómez, Lidia Márquez y Pedro de Vicente y
Andrea Abadía y Toni Sampietro

Era de un color azul como el cielo, y en invierno azul oscuro como el mar. Ese campo estaba hecho para soñar... Yo siempre me iba todos los días y me tumbaba, y sentía el mecer de las campanillas. Era precioso, encantador y muy bello. Pero algo sucedió aquella tarde. Un estrepitoso ruido crujió desde lo alto del cielo. Pareciera que se hubiera abierto una grieta en la caverna celeste, cuando de pronto, ¡ todo se volvió gris! Aquel día todo era espeluznante y a la vez asombroso, nunca pensó lo que sus ojos estaban viendo... aquello no solía pasaba todos los días. El viento soplaba muy fuerte, y arañaba su rostro, haciendo volar sus cabellos castaños. Pasaron los días y las noches, el cielo no se veía, ni el sol brillaba en el firmamento, sólo llovia y llovia. Mientras, las campanillas se iban desvaneciendo en en el agua cada vez más. Agua fría y oscura como la suciedad.

Ana se puso muy nerviosa, intentó todo lo posible para que volvieran a nacer esas preciosas campanillas azules y ese agua cristalina que le gustaban tanto. Ella se echó a llorar muy desesperada por lo que estaba pasando. Entonces, se puso a caminar para encontrar una solución al problema, hasta que se encontró con un pequeño árbol al que le preguntó. Le dijo que no lo podía solucionar, salvo que se acercara hasta el lago donde vivía una ninfa encantada que tenía poderes sobrenaturales. Caminando, caminando llegó al lago para invocar a la ninfa y hacerle su consulta. Cuándo por fin Ana se lo contó la ninfa encantada, tuvo una idea...