Que tu elección no se base en la cantidad de memoria de la tarjeta. Una gráfica de gama
media con 1GB de RAM va a dar mejores prestaciones que una de gama baja que tenga 2GB
de RAM. Fíjate en la gama del producto (el segundo número) para saber qué tarjeta es mejor.
De hecho, es más importante el tipo de memoria. Siguiendo con el ejemplo anterior, es mejor
comprar una tarjeta que tenga 1GB de memoria DDR5 que otra con 2GB de DDR3. La calidad
de la memoria importa más que la cantidad y es lo que hará que tus juegos vayan más fluidos.
De hecho, pagar por una tarjeta de gama media/baja que tenga más de 1GB es tirar el dinero.
En cuanto al bus de memoria, una tarjeta con 128 bits nos va a dar un rendimiento bastante
aceptable. Si las especificaciones muestran que su bus es de 256 bits entonces tenemos ante
nosotros un producto de alta gama. Si no quieres jugar, una memoria de 64 bits será más que
suficiente. En este caso, más es sinónimo de mejor.
La fuente de alimentación, la placa base y las ranuras PCI son los primeros elementos de los
que hay que comprobar compatibilidad con la futura tarjeta gráfica de nuestros sueños
Lo primero que deberías observar en tu actual equipo es el tema del tamaño, conexiones y
configuración. La cuestión del tamaño es tan básica que podríamos olvidarnos de ella: las
tarjetas gráficas actuales tienen un tamaño considerable y podría no tener cabida dentro de la
maraña de componentes actuales que tenemos conectados a nuestra placa base. Los modelos
más completos, por ejemplo, suelen requerir el espacio de dos ranuras PCIe.
Otra
comprobación
directa
sería
la
de
la fuente de alimentación. Dependiendo del
modelo que escojamos, las tarjetas más
potentes de la actualidad son consumidoras
ávidas de energía y necesitan una fuente que
se la proporcione pues no van alimentadas
por el puerto de conexión sino que cuentan con conectores de alimentación dedicados. Y
atentos al número de conexiones de 6/8 pines que tenemos disponibles para las gráficas más
potentes.
La tarjeta gráfica no está sola en el PC
El ansia por tener el mejor rendimiento gráfico se enfrenta a la realidad del presupuesto con el
que contamos y con el hecho de que la tarjeta gráfica no es el único componente de nuestro
sistema gaming o de trabajo con vídeo/foto.
En muchos casos, renovar la tarjeta gráfica suele significar invertir una cantidad también
importante en adecuar otros componentes a la futura realidad de nuestro PC
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