Viajar constantemente le permitió vivir en primera persona lo que millones de personas enfrentan cada día: aeropuertos inaccesibles, hoteles que no cumplen condiciones básicas, ciudades que rompen la cadena del turismo.
Y entonces decidió hacer algo.
Betina no solo se ha formado en diversas partes del mundo —recientemente volvió a España para especializarse en accesibilidad aplicada al turismo y ciudades inteligentes—, sino que redefinió su misión.
Trabaja fervientemente con este mensaje: Sin accesibilidad, no hay inclusión.
No es solo un tema social. Es también una oportunidad que el mundo aún no está sabiendo ver.
Porque si una persona no puede entrar, moverse o participar, simplemente queda fuera, y los números lo confirman: más de 1.300 millones de personas en el mundo (alrededor del 16% de la población mundial o 1 de cada 6 personas) viven con una discapacidad significativa, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la ONU y el 72% tiene tiempo y recursos para viajar… pero no lo hace por falta de condiciones adecuadas.
La revolución invisible: la accesibilidad humana
Más allá de rampas, ascensores o infraestructura, Betina pone el foco en algo aún más poderoso: la accesibilidad intangible, la humana.
Su prioridad con Noun Eventos, desde su sede central en Argentina, es formar equipos capaces de atender, comprender y acompañar a cualquier persona, independientemente de su condición actual.
Muchas veces no es falta de intención, sino de conocimiento, miedo y hasta pensamientos distorsionados con respecto a diversas situaciones.