Protagonistas de Portada Mayo 2026 Edición 42 | Page 33

¿Cómo evaluar la evolución de un modelo disruptivo?

Y el rol imprescindible de la verdadera sororidad en el camino de una emprendedora

La mejora continua impulsa la calidad, la sostenibilidad y el crecimiento profesional. Sin embargo, cuando se trata de crear algo desde cero —una idea que rompe esquemas y desafía lo establecido— medir su evolución en las primeras etapas se convierte en un verdadero desafío.

Un modelo disruptivo no tiene referentes claros. No puede compararse con otros porque nace precisamente para ser distinto. Solo puede medirse contra sí mismo. Y en ese proceso, “ajustar las velas” no siempre genera resultados inmediatos. La evolución muchas veces es silenciosa, invisible para el entorno, pero profundamente evidente para quien lidera con convicción.

Una prueba compleja es el entorno. Escuchar opiniones en etapas tempranas puede sentirse como abrir una caja de Pandora.

Surgen críticas, dudas, comparaciones injustas e incluso comentarios que nacen desde la inseguridad o la falta de comprensión. No todos logran ver el potencial de lo que aún está en construcción.

Y aquí es donde este artículo toma un giro necesario.

Dentro de ese mismo entorno existe una pieza clave que debería marcar la diferencia: la sororidad.

La verdadera sororidad es una práctica activa, consciente y comprometida, reconociendo el valor incluso cuando el proyecto aún no está completamente definido.

Lamentablemente, la historia nos ha mostrado que el liderazgo femenino no siempre ha contado con el respaldo de sus propias congéneres.

En muchos casos, los juicios más duros, las críticas más desalentadoras y las comparaciones más injustas provienen de otras mujeres.

Quizás por creencias limitantes, escasez percibida o modelos heredados.

Hoy más que nunca, necesitamos resignificar el acompañamiento femenino, especialmente en contextos de emprendimiento y liderazgo.

Apoyar a una mujer en sus primeros pasos como empresaria no debería ser visto como un gesto menor, sino como un acto de alto impacto.

Es en esa etapa inicial donde la confianza es frágil, donde las dudas son constantes y donde una palabra puede marcar la diferencia entre avanzar o detenerse.

Carla Galindez

CEO Destinos y Negocios

egún diversos estudios sobre emprendimiento femenino, una de las principales barreras no es la falta de capacidad, sino la falta de redes de apoyo sólidas.

Porque cuando una mujer apoya a otra desde un lugar genuino, se construyen ecosistemas más sostenibles, colaborativos y poderosos.

En este contexto, iniciativas como Protagonistas de Portada nacen con un propósito claro: visibilizar, reconocer y celebrar el talento femenino en todas sus etapas. No importa el nivel de experiencia, la claridad del modelo de negocio o el punto en el que se encuentre cada proyecto. Lo que se destaca es el valor de atreverse, de dar el paso, de romper moldes.

Aquí no se trata de perfección, sino de evolución.

Se trata de entender que cada historia tiene un inicio, muchas veces incierto, pero siempre valiente. Y que ese inicio merece ser acompañado con respeto, con empatía y con una mirada constructiva.

Las sugerencias, los consejos y las opiniones son necesarios, sí. Pero deben construirse desde el aporte, no desde la crítica destructiva. Desde la intención de sumar, no de señalar. Desde la experiencia compartida, no desde la superioridad.

Porque detrás de cada mujer que emprende hay una decisión poderosa: la de creer en sí misma incluso cuando el camino no está claro.

Y esa decisión merece ser respaldada.

Quienes entienden esto no solo celebran los logros visibles, sino que valoran el proceso, los errores, los aprendizajes y cada pequeño avance.

Porque crecer no es lineal. Es incómodo, retador y profundamente transformador.

Y cuando un modelo es genuinamente innovador, ocurre algo extraordinario: no tiene copias. Su evolución es única, irrepetible, y por lo tanto, difícil de juzgar con criterios tradicionales.

Quizás por eso, la validación externa siempre llega después. Pero la convicción interna —y el acompañamiento correcto— son los que sostienen todo.

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