Aunque es un sector históricamente masculino, ella tomó las riendas con otra visión. Mientras otros distribuidores venden máquinas, ella visita costureras, pequeñas emprendedoras y naves industriales. Observa. Escucha. Pregunta. Lleva hilos si hace falta. Incluso pasteles.
Su padre no lo entendía: —¿Qué necesidad tienes de ir a los talleres? La respuesta llegó sola: desde que Andrea María comenzó a ir, hubo "un cambio significativo" según palabras de su madre. Pero el verdadero cambio fue humano, una mejora importante.
Entendió algo clave: Una máquina parada no es un trámite. Es una familia que no factura, está segura que más allá de vender una máquina o un servicio técnico, ella ayuda a sostener economías, muchas veces invisibles.
Ella misma lo resume en un mantra que lleva grabado a fuego: “Un taller no puede parar.”
Mujer, joven, y en el sector industrial
Ser mujer, joven y liderar un negocio técnico no ha sido sencillo. Ni frente a clientes, ni frente a su propio entorno familiar.
Su forma de entender la empresa es distinta a la de sus padres. Hubo roces. Tensiones. Conversaciones difíciles.
¿Su estrategia? Respirar, Terapia, Calma, Agradecimiento. En vez de confrontar, honra el legado. En vez de imponer, demuestra con resultados.