En 2014 organizó su primer evento para hispanas emprendedoras. Asistieron 50 mujeres. Funcionó. Hubo impacto. Hubo ingresos.
El segundo evento fue exponencial: decidieron traer a Ismael Cala, recién salido de CNN y comenzando su etapa en desarrollo personal. La inversión fue de 40.000 euros.
Miedo, dudas, claro!! pero también visión, ese salto marcó el inicio de todo.
Verónica no quería un “club de amigas” ni un directorio de contactos.
Quería estructura. Cultura organizacional. Valores claros. Estrategia.
“Colaborar no es traer la mesa mientras yo pongo la bebida. Colaborar es negociar desde el respeto, sabiendo qué aporto y qué aportas.” expresa.
En el proceso aprendió una lección incómoda: ella misma había confundido oportunidades con oportunismo: recuerda cuando asistió como público a un evento y entrevistó a la ponente sin haber negociado previamente ningún tipo de alianza. Lo celebró como audacia emprendedora. Años después, cuando vivió la misma situación desde el otro lado, entendió la diferencia.
Llamó a la organizadora y pidió disculpas. Hoy en dia, son grandes amigas.
“No puedes exigir ética si no revisas primero tus propias sombras.”
Más allá del “sarao”
En la conversación surge una crítica que muchas emprendedoras comparten: el networking vacío. Verónica menciona que se trata de etapas: al inicio, ir a todos los eventos es parte del aprendizaje.