Si bien España se ha caracterizado tradicionalmente por basar su modelo de crecimiento en el consumo intensivo de energía , en las últimas décadas se ha producido una notable reducción de la intensidad energética de la economía . Más concretamente , la cantidad de energía primaria necesaria para generar una unidad de PIB en 2021 fue un 27,3 % inferior a la que se necesitaba en el año 2000 . En términos de energía final esa reducción fue incluso más intensa . La cantidad de energía necesaria para producir una unidad de PIB se redujo un 30,6 % durante el mismo periodo .
No obstante , esta evolución favorable de la intensidad energética no ha logrado paliar el problema de abastecimiento energético del que sigue adoleciendo el país . El grado de dependencia energética ronda el 70 %, lo que deja a la economía española al albur de la evolución del precio de las distintas fuentes de energía en los mercados internacionales , con el consiguiente impacto en la inflación y en la balanza por cuenta corriente .
No en vano , primero las interrupciones en la cadena de suministro debido a la pandemia de covid-19 y luego , la invasión de Ucrania , provocaron un incremento en el precio de las fuentes de energía primarias de las que España es muy dependiente , como petróleo y gas natural , que se acabó trasladando al conjunto de la economía vía aumentos generalizados en los precios .
La dependencia energética de la economía española no se debe tanto a la generación de electricidad , de la que más del 65 % se produce con fuentes autóctonas ( renovables o nuclear ), como a la necesidad de utilizar combustibles fósiles para transporte y calefacción . De hecho , en las últimas 2 décadas , aproximadamente entre el 60 % -70 % del consumo de energía primaria realizado por España correspondió a productos petrolíferos y gas natural , cuya materia prima procede de terceros países casi en su totalidad . Países que , por otro lado , se sitúan en zonas inestables desde el punto de vista geoestratégico , lo que introduce incertidumbre en el suministro energético .
Precisamente los combustibles fósiles utilizados para la generación de energía y el transporte son los principales causantes de las emisiones de gases de efecto invernadero ( GEI ) que produce la economía española . En este sentido , hay que destacar que en 2021 más del 67 % de la producción de electricidad no generó GEI , y que durante el periodo 2008-2021 las emisiones asociadas a la generación eléctrica se redujeron un 63 %. Sobre todo , hay que poner el foco en la reducción producida a partir del año 2019 debido al cierre paulatino de
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