C O L A B O R A C I O N E S por M ª Ángeles del Castillo
LO QUE TIENE EL VIVIR
Creo que el ser humano es un peregrino , un caminante que recorre un circuito , un camino diseñado para él desde el principio de los tiempos , y que , para mantenerse y avanzar , va formando , completando su mochila . En ella hay elementos sencillos pero fundamentales que le facilitan y definen su existencia , que dan sentido y solución a los problemas cotidianos . Algunos de vosotros sabéis que mis orígenes , mis primeros recuerdos , en fin , los contenidos básicos de mi mochila vital , se sitúan un poco más al noreste en el mapa provincial . Mis ojos aprendieron a mirar en paisajes más verdes , más húmedos , pero también más cerrados . Así que , cuando llegué a Villaseca , llamada , como dice San Pablo , por el amor … Mis ojos , acostumbrados al abigarramiento del entorno , se sorprendieron al ver este nuevo paisaje , esta llanura que me pareció interminable , inmensa , abierta y solitaria . Esta era una nueva sensación con la que rellenar mi mochila … A la vez que la interiorizaba , traté de analizarla , y llegué a esta conclusión : ¡ Villaseca tenía un pacto con los elementos ! Me explico : El aire . - Aquí , cuando sopla , lo hace de tal manera que zarandea y pela los árboles de los jardines , barre las calles , ulula en las rendijas de puertas y ventanas . La experiencia y sabiduría de los lugareños le han buscado las vueltas y se refugian de él encontrando rincones y placitas donde desafiarlo . El frío . - Intenso y seco que mete a la gente en casa y hace arder en las chimeneas los troncos del encinar de la Dehesa y el monte . El sol . - Cuando brilla , y en el cielo no hay nubes , nada ni nadie hace sombra al astro rey . El campo se ilumina de una manera total , brillante y cegadora . En este caso , los habitantes tienen sus bancos callejeros estratégicamente colocados para disfrutar de él en las calles Solanilla , San Roque , calle Mayor , y para evitarlo , en la bancada del juego de pelota , a la espalda acogedora de la iglesia , donde se reúnen en grupo , cada vez más diezmado … Y es al atardecer cuando se hace más patente el apego del sol con la llanura . Él se resiste a desaparecer detrás de la cercana cordillera ; es en ese momento de la despedida , que se alarga el tiempo , transformando el cielo por el horizonte en un lienzo repleto de pinceladas rojizas , imposible de copiar y solo igualado por aquellos murales de editoriales salesianas . Imagen que permanece en la retina como una foto fija , hasta que , de repente , se hace la oscuridad . Y el cielo . - la bóveda celeste , que todo lo envuelve y que en las noches se llena de