Programa Santo Angel 2014 | Page 31

Echa de lo trasañejo, porque con más gusto comas: Dios te guarde, que así tomas, como sabia mi consejo. ¡Qué suavidad! ¡Qué clareza! ¡Qué rancio gusto y olor! ¡Qué paladar! ¡Qué color! ¡Todo con tanta fineza! Mas di: ¿no adoras y aprecias la morcilla ilustre y rica? ¡Cómo la traidora pica; tal debe tener de especias! Mas el queso sale a plaza la moradilla va entrando, y ambos vienen preguntando por el pichel y la taza. ¡Qué llena está de piñones! Morcilla de cortesanos, y asada por esas manos hechas a cebar lechones. Prueba el queso, que es extremo, el de Pinto no le iguala; pues la aceituna no es mala: bien puede bogar su remo. ¡Vive Dios!, que se podía poner al lado del Rey puerco, Inés, a toda ley, que hinche tripa vacía. Haz, pues, Inés, lo que sueles, daca de la bota llena seis tragos. Hecha es la cena: levántense los manteles. El corazón me revienta de placer; no sé de ti. ¿Cómo te va? Yo, por mí, sospecho que estás contenta. Ya que, Inés, hemos cenado tan bien y con tanto gusto, parece que será justo volver al cuento pasado. Alegre estoy, vive Dios: mas oye un punto sutil: ¿no pusiste allí un candil? ¿Cómo me parecen dos? Pues sabrás, Inés hermana, que el portugués cayó enfermo... Las once dan, yo me duermo: quédese para mañana. Pero son preguntas viles; ya sé lo que puede ser: con este negro beber se acrecientan los candiles. Probemos lo del pichel. ¡Alto licor celestial! No es el aloquillo tal, ni tiene que ver con él. 31