¿SUBIR YO AL OCEJÓN? NO TE LO CREES NI TÚ
Nunca dejamos de sorprendernos. A veces hacemos
cosas que si nos las cuentan
previamente no nos las imaginamos. “¿Subir yo al Oce-
jón? No te lo crees ni tú”.
Pues sí, allí subí y os voy a
contar mi experiencia de
novata.
Tengo que reconocer que la
aventura pasó por distintas
etapas: muy buenas, buenas, no tan buenas… La convocatoria lo pintaba fácil: “Pueden ir niños
acompañados de adultos”. En mi caso hubiera sido mejor decir: “Pueden ir
adultos acompañados de niños”, que una ya no cumple los cuarenta y la
diferencia de edad se nota. Ellos llegaron arriba los primeros y sin ningún tipo de ayuda.
La verdad es que la mañana no podía ser mejor, soleada, fresquita. La
subida hasta casi coronar la cumbre fue buena, contando con la ayuda de
Enrique (buen guía y mejor animador) y al grupo de mujeres que hicieron
que no abandonara a mitad de camino. Me llamó la atención este grupo
femenino que subieron sin parar de hablar y llegaron sin dificultad. ¡Y yo que
no podía ni con la botella de agua…!
Mereció la pena. Aunque llegué la última, el hecho de conseguirlo para mí
fue enriquecedor. Las vistas desde arriba, el paisaje, compartir un rato de
almuerzo con todos los que me habían ayudado fue un momento inolvidable.
Pero la realidad es que ese momento se acababa y había que volver. La
bajada prometía ser más fácil. Al menos para mí no lo fue y, al igual que
subí la última, no podría defraudar a los de mi pueblo y bajé también la última…
Es de justicia hacer mención especial a la inestimable colaboración de Mari
Carmen, su marido Juan Carlos y a Juan. Su buen asesoramiento y apoyo
fue fundamental para terminar la bajada. Y a mi marido que me sirvió de
soporte durante todo el trayecto.
En cualquier caso, el recuerdo de conseguir subir al Pico Ocejón ha sido un
reto y un aprendizaje de la educación permanente que nos da la vida y la
naturaleza.
¡¡¡Gracias a tod@s!!!
Inma Bris (La pequeña de Teófilo )
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