SUBIDA AL PICO OCEJÓN
La víspera de la subida, preparamos
los bocadillos con gran ilusión ¡Por fin
este año íbamos a subir al Ocejón!
La salida fue puntual. La mayoría
eran veteranos. Salvo Manuel, Lucas,
Merce y yo que era la primera vez
que íbamos.
En Valverde de los Arroyos, aparcamos y cada uno con su mochila provista de agua, un bocadillo, chocolate... la gorra y la garrota (de gran utilidad), iniciamos la marcha.
Tengo que reconocer que mi meta era llegar a la chorrera y quedarme allí
(lo habíamos hablado mi hermana y yo) pero, en vista de que ella, que iba
delante de mí, seguía subiendo, yo no quise ser menos. Poco a poco, el Pico Ocejón empezó a resistírseme. Enrique vino en mi auxilio y entre la conversación, paradas para coger resuello y los ánimos que me iba dando,
logré llegar arriba. Merce seguía delante, iba hablando con Juan y de vez
en cuando, hacían sus paradas para cargar energía. El grupo que formábamos al principio se había transformado en una fila india con más o menos distancia entre sus componentes. Los niños eran de los primeros, también Ciriaco, operado hacía poco y que dio muestras de su buena forma,
un valiente.
Por fin llegamos a la cima y todos los esfuerzos valieron la pena. Allí nos esperaba el resto del grupo animándonos y todos juntos nos comimos el primer bocadillo, nos hicimos la foto pertinente, repusimos fuerzas sentados en
lo más alto y acompañados de un balaguero de avispas ¡Sólo faltaba una
picadura para bajar más deprisa!
Contemplamos el paisaje y nos sentimos casi tocando el cielo. Lo que no
sabíamos era lo que nos esperaba: ¡La bajada fue peor que la subida! Lo
mejor de todo fue la "travesía" acortando terreno hacia la chorrera, que nos
propuso Enri en su afán de ahorrarnos recorrido. En la chorrera nos refrescamos, repusimos fuerzas y reemprendimos el camino hacia los coches para
bajar al merendero.
El momento de la comida fue de lo más agradable ¡Qué buenos estaban
los bocadillos, el vino y la casera de Ángel, las rosquillas de Mari Ángeles, su
mujer, los choricillos de Enri,... y por último los chupa chups de Merce!.
En resumen, fue un día muy completo. Extraordinaria, la armonía reinante
en todo el grupo, la solidaridad demostrada con los que la necesitábamos... Gracias a los que nos prestaron la ayuda y, en vista de ello, nos prepararemos para este año subir mejor.
Maya Gil Pascual
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