"Primer Tramo" Primer Tramo. HF 001. 2018 | Page 12

Boletín cofrade Primer Tramo GRACIA Y ESPERANZA de Melilla [... Salió a la calle y en su fantasía, aparecieron esas imágenes con las que diaria- mente le gustaba soñar. Blancas palmas adecuadamente engalanadas, lazos rojos y blancos, incienso, tambores y campanitas, martillos y cornetas, crujidos de vara- les y... Varales con los que soñaba poder tocar, a los que deseaba poder agarrase y sufrir el Santo Peso de esa Virgen bendita, ese rostro de niña que casi sonríe al postrarte a sus pies, esas manos que aguardan ser acariciadas, ese pañuelo blanco que acompaña a un rosario. Un rosario cargado de amor, que cuelga y que derrama Gracia y Esperanza por donde pasa. Agarraba con firmeza una palma, vestía de hebreo y se adentraba lentamente en el patio de la Medalla Milagrosa. Desde mi perspectiva, no fui capaz de apreciar bien si lloraba o sonreía. El ceño fruncido le daba a su rostro, tan tierno e infantil, un singular y característico gesto que lo hacía inconfundible. Le bastaron solo tres pasos para evitar tropezar con unos de los varales, que casi sobresalían del portalón, escogió sabiamente el lugar desde donde pudo alzar la mirada y con un brillo angelical en sus ojos, como si supiera estar enamorado, la descubrió. ¡Dios mio que hermosa eres! Era su Virgen. A la que tanto le hablaba, la que veía cada noche en la cabecera de su cama, la que viste con el manto verde y oro, la que luce sobre su pecherín ese nom- bre, ESPERANZA, la de risa entre lágrimas, Esperanza Trianera, Esperanza Maca- rena, Esperanza Malagueña y como no la de GRACIA Y ESPERANZA DE MELILLA. Fueron escasos momentos, pero la contemplaba con ilusión, con esa ilusión que los niños de Melilla sienten por vestir la túnica Nazarena, y comunicar con esos colores la representación de su Cofradía. Hay una mañana en Melilla, en que sus calles se trasforman en río de pureza, en ríos humanos, con verdes aguas por las que navega la GRACIA Y ESPERANZA. Desde su casa de Hermandad, una singular tripulación la aguarda. Ella lleva sobre su espalda, el ancla y los ángeles marineros, que a los compases de una marcha y bajo una lluvia de pétalos de flores, la piropean hasta enronquecer y caer rendidos a sus pies. A tus plantas, Señora, se arrodilla Melilla, y, Melilla se entrega. Cómo se entrega. Se sumerge en las aguas de ese río humano, para dejarse llevar a la deriva, guiada en la lejanía por la luz de tu faro, el faro de tu belleza...] 12 D. Fernando Aguilar González