Presentado el Informe Anual 2016 sobre racismo en el estado español | Página 306

ABUSOS POLICIALES está el Sr. I.S., y a pesar de la insistencia, nos comunican que lo han dejado en libertad al día siguiente a la detención. Aun así, el Sr. I.S. no ha vuelto a su casa. En una situación de gran desazón y confusión, se intenta saber a través de los juzgados de guardia y de incidencias si el Sr. I.S. se encuentra a disposición judicial. Parece ser que nadie sabe dónde está. Sin encontrarlo en los calabozos, ni en dependencias judiciales, ni con sus amigos, se decide contactar con los Mossos d’Esquadra y denunciar su desaparición. Desgraciadamente, la denuncia no puede hacerse efectiva hasta que no hayan transcurrido dos días desde la última vez que se le ha visto. Al mismo tiempo, un amigo suyo se pone en contacto con SAID para informar que un Guardia Urbano le ha dicho que la policía Nacional ya ha comprado un billete de avión para enviarlo a Senegal. Al cabo de unos días, en plena madrugada, se recibe una llamada desde Senegal. El Sr. I.S. explica, abatido, los detalles de su detención y posterior expulsión a su primo con el que comparte piso en Barcelona. La policía lo ha enviado a la mañana al aeropuerto de Madrid para coger el primer vuelo en dirección a su país de origen, el mismo lugar del que hacía tiempo había decidido marchar. En la misma tarde, lo han expulsado de España, y todo ello con una discreción total y una vulneración flagrante del derecho a la tutela judicial efectiva, sin dar la posibilidad a que la actuación del abogado consiguiera la paralización de una expulsión injustificada. Actualmente SAID sigue en contacto con él para intentar enmendar este error legal y que el Sr. I.S. pueda volver a vivir, nuevamente, donde había decidido. Ciutat Morta. Barcelona. Noche del 4 de febrero de 2006. Carga policial. Se celebraba una fiesta en un local okupado. En el lugar apareció la policía y se inició un enfrentamiento que terminó con un agente en coma debido al impacto de una maceta. A partir de ese instante comenzaron las detenciones indiscriminadas guiadas por el aspecto físico de «los sospechosos». Tres jóvenes latinoamericanos detenidos son torturados y privados de libertad durante 2 años. Patricia y Alfredo, que no estaban en el lugar de los hechos también fueron detenidos en un hospital cercano. La prueba, en este caso, era su forma de vestir. Tiempo después, Patricia se suicidó durante un permiso penitenciario. Diez años más tarde, un documental basado en aquellos hechos, «Ciutat Morta», y emitido en la televisión pública catalana reabre el debate alrededor de los malos tratos y torturas cometidos por los cuerpos policiales. Ciutat Morta ha pasado de ser un documental de una incidencia limitada, básicamente conocido en círculos activistas y cinematográficos –fue premiado en el Festival de Málaga– a provocar una auténtica sacudida ciudadana, política y mediática en Catalunya. El documental fue emitido en abril del pasado año y fue visto por 569.000 personas, un auténtico récord de audiencia para el segundo canal de TVC. Las resistencias previas de la televisión pública a emitir Ciutat Morta y el intento de censura ordenado por un juez –se pasó una versión recortada en varios minutos a petición de un alto cargo de la Guardia Urbana durante los hechos– espolearon 305