POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS Hemingway,Por quien doblan las campanas (1) | Página 88

C APÍTULO ONCE Cuando iban subiendo, a la sombra todavía de los pinos, después de haber descendido de la alta pradera al valle y de haber vuelto a ascender por una senda que corría paralela al río, para trepar después por una escarpada cuesta hasta lo más alto de una formación rocosa, les salió al paso un hombre con una carabina. —¡¡Alto! –gritó. Y luego–: ¡Hola, Pilar! ¿Quién viene contigo? —Un inglés –dijo Pilar–. Pero de nombre cristiano: Roberto. ¡Y qué m... de cuesta hay que subir para llegar hasta aquí! —Salud, camarada –dijo el centinela a Robert Jordan, tendiéndole la mano– . ¿Cómo te va? —Bien –contestó Robert Jordan–. ¿Y a ti? —A mí también –dijo el centinela. Era un muchacho muy joven, de rostro delgado, huesudo, la nariz un tanto aguileña, pómulos altos y ojos grises. No llevaba nada en la cabeza y tenía el cabello negro y ensortijado. Tendió la mano de manera amistosa y cordial, con la misma chispa de cordialidad en los ojos. —Buenos días, María –dijo a la muchacha–. ¿Te has cansado mucho? —¡Qué va, Joaquín! –contestó la muchacha–. Nos hemos parado para hablar más de lo que hemos andado. —¿Eres tú el dinamitero? –preguntó Joaquín–. Nos han dicho que andabas por aquí. —He pasado la noche en el refugio de Pablo –dijo Robert Jordan–. Sí, yo soy el dinamitero. —Me alegro de verte –dijo Joaquín–. ¿Has venido para algún tren? —¿Estuviste en el último tren? –preguntó Robert Jordan sonriendo a manera de respuesta. —Que si estuve –contestó Joaquín–; allí fue en donde encontramos esto –e hizo un guiño a María–. Chica, estás muy guapa ahora. ¿Te han dicho lo guapa que estás? —Cállate, Joaquín –dijo María–. Tú sí que estarías guapo si te cortaras el pelo. —Te llevé a hombros. ¿No te acuerdas? Te llevé a hombros. —Como tantos otros –dijo Pilar, con su vozarrón–. ¿Quién fue el que no la llevó? ¿Dónde está el viejo? —En el campamento. —¿En dónde estuvo ayer por la noche? —En Segovia. —¿Ha traído noticias? —Sí –contestó Joaquín–. Hay cosas nuevas. —¿Buenas o malas? —Me parece que malas. —¿Habéis visto los aviones? —¡Ay! –dijo Joaquín, moviendo la cabeza–. No me hables de eso. Camarada dinamitero, ¿qué clase de aviones eran? —«Heinkel 111» los bombarderos; «Heinkel» y «Fiat» los cazas –respondió Jordan. —Y los grandes, con las alas bajas, ¿qué eran? —Esos eran los «Heinkel 111». —Que los llamen como quieran, son malos de todas maneras –dijo Joaquín–. Pero os estoy entreteniendo. Voy a llevaros al comandante. —¿El comandante? –preguntó Pilar, asombrada. Joaquín asintió con la cabeza, seriamente.